Entre las semanas epidemiológicas 1 y 15 de 2025, se han reportado 189 casos confirmados de fiebre amarilla en humanos en cuatro países de la Región de las Américas, de los cuales 74 han resultado fatales. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la situación actual evidencia una expansión del virus más allá de las zonas amazónicas tradicionales, elevando el nivel de riesgo en áreas que anteriormente no se consideraban afectadas.
Brasil encabeza la lista con 102 casos confirmados y 41 muertes, seguido de Colombia con 53 casos y 21 muertes, Perú con 32 casos y 11 muertes, y Bolivia con dos casos, uno de ellos mortal. Las autoridades sanitarias han identificado un aumento notable de casos en los estados brasileños de São Paulo y Minas Gerais, donde la detección de epizootias, es decir, muertes de primates, ha servido como una alerta temprana de la propagación del virus.
En Colombia, se registra un brote activo en el departamento del Tolima, con una alta tasa de letalidad que alcanza el 38,9 por ciento. En Perú, los casos se concentran en los departamentos de Amazonas, San Martín, Loreto y otras zonas, afectando principalmente a hombres jóvenes que no habían recibido la vacuna. En Bolivia, los casos se han registrado en La Paz y Tarija, y están relacionados con exposiciones en zonas boscosas.
Entre los factores críticos identificados, se destaca que la mayoría de los casos confirmados no presentaban antecedentes de vacunación. Además, la expansión del virus hacia regiones fuera de la Amazonía representa un desafío adicional para los sistemas de salud pública, que ahora deben intensificar las medidas de vigilancia epidemiológica y de control.
La OPS y la OMS han emitido una serie de recomendaciones urgentes, entre las que se incluye alcanzar coberturas de vacunación iguales o superiores al 95 por ciento en las zonas de riesgo, fortalecer la vigilancia epidemiológica y de epizootias, implementar estrategias de vacunación preventiva y reactiva según la evaluación del riesgo, mantener reservas estratégicas de vacunas y capacitar al personal de salud para garantizar una respuesta adecuada.
La fiebre amarilla continúa siendo una amenaza reemergente en el continente, caracterizada por su alta tasa de letalidad si no se detecta y trata a tiempo. La vacuna contra la enfermedad es segura, eficaz y proporciona inmunidad de por vida con una sola dosis. Ante el actual panorama, resulta fundamental actuar con rapidez en la detección temprana de casos, reforzar las estrategias de prevención y mantener a la población debidamente informada para contener la propagación del virus.

