Se dice que la Fama es la mejor opinión que la gente tiene de algo o de alguien. Es como un reconocimiento que se puede adquirir debido a la popularidad por aspectos que se hagan célebres debido a su notoriedad.
La Fama podría ser puntual, local o general según el impacto que pudiera generar.
Por ejemplo, la fama que han alcanzado Shakira y Colombia a nivel internacional, son diferentes aunque se pudieran geosocialmente interelacionar.
A Shakira la hace famosa el éxito por su talento artístico particular; pero a Colombia, entre otras cosas más, su serie de calamidades sociopoliticas y de inseguridad, que no se paran de contar.
Pero ahora me quiero referir solo a “La Fama”, una tienda de barrio en Barranquilla, caribe, alegre y tropical, que curiosamente no sé de donde proviene su nombre, porque, la fama se logra es con el tiempo debido a algo de impacto general, que nadie me ha podido contar; aunque ahora realmente sí lo merece por las cosas que allí hemos visto desarrollar.
Aunque lo más probable es que “La Fama” sea el nombre con el que su primer propietario Alfredo Carvajalino, a esa tienda decidió bautizar, sin alcanzar aún su fama actual.
Es que, establecimiento que se respete algún nombre debe llevar, lo que hoy en día se conoce como ” razón social”, para legalmente en Cámara de Comercio” como negocio poder identificar.
Recuerdo otras tiendas famosas como el ” El As de Oro” y la ” Con calmita” en Cevillar, El Bronx en San José, La bola roja y El Triunfo en San Felipe, entre muchas más en deferentes barrios de la ciudad.
Es que hasta los buses de servicio urbano y rural, con nombres específicos había que bautizar, como aquel ” Transporte Cosita linda”, que me trajo infante desde Valledupar, o el 039 que se llevó un amor perdido de Alejandro Duran.
Se dice que a principios de los años cincuenta, sin una fecha exacta poder constatar, La Fama era una casa sencilla común y corriente, donde como negocio incipiente, solo había un expendio de carne, que ponía una bandera roja en el poste de la esquina de la calle 75 con carrera 61, del barrio Bellavista, fronterizo con el Alto Prado, para anunciar que estaban listas las presas para despechar.
Después en 1977 como una tienda pequeña, pero mejor surtida con víveres y abarrotes, administrada por doña Otilia, para atender las necesidades de suministros básicos de los vecinos de la comunidad, y que fué creciendo lentamente hasta llegar al nivel de popularidad que goza en la actualidad.
Desde 1996 con la construcción del edificio, se separan la tienda de la cantina, para que solo las cervezas y los licores sean atendidas por don Abelardo en la propia esquina.
Yo apenas dese 1994, tengo treinta años de vivir a nueve cuadras de la tienda en dicha comunidad, y de mi parte solo puedo comentar con propiedad, sobre lo que he visto desde el año 2012 que, en calidad de pensionado, con otros en las mismas condiciones de adultos mayores me pude agregar, escuchando también los cuentos de los antecesores, que en este mundo ya no están y todavía eran asiduos en dicho lugar desde años atrás.
” Canitas alegres”, era como yo llamba al lugar, cuando sin saber su nombre real, pasaba eventualmente y veía desde lejos a un grupo de personas adultas canosas que disfrutaban con cerveza la música de un minicomponente Aiwa con un pequeño parlante colgado en la pared, que sintonizaba únicamente la “Emisora Atlantico Espectacular”.
El verdadero nombre se me pudo gravar cuando los vecinos me decían que veían a mi hijo José Alberto, aún pequeño, haciendo travesuras en bicicleta y que en La Fama le gustaba frecuentar.
Es que allí también vivía Amhed <nieto de don Abelardo>, su amiguito especial, quien hoy descansa en paz en el plano celestial.
Ya como agregado desde entonces en las tertulias, he podido socializar con personas de diferentes lugares y estrato social, de interesante nivel cultural, compartiendo experiencias que han agregado conocimientos a mi limitada condición intelectual.
Por la camaradería se me ocurrió que a cada uno de los clientes asiduos debía pintar y con el consentimiento de don Abelardo Chávez, sus caricaturas en las paredes instalar, y son las que hoy se reconocen como el ” Hall de La Fama “, que de alguna manera ha dado un plus atractivo al local; en tal medida que si las primeras las hice gratis, hoy algo me tienen que pagar, para los materiales recuperar.
Realmente La Fama ha sido un agradable tertuliadero, donde aspectos socioculturales descomplicadamente se han podido tratar, sin resultar lastimado por algún intolerante radical, lo que refleja de la gente su verdadero talante intelectual para con el debido y mutuo respeto interactuar.
Es que allí nunca ha habido un incidente significativo que lamentar. Todo ha sido armonía y cordialidad.
Era divertido escuchar las anécdotas y experiencias de los mayores, referidas al ámbito, laboral, político, deportivo y recreacional. Los sueños frustrados y hasta las fantasías que algunos no lograron realizar y que con mentiritas piadosos trataban de descrestar, sobre las aventuras amorosas que a escondidas pudieron disfrutar sin afectar su nucleo familiar.
Recuerdo las anécdotas con personajes, como Julio Herrera, Carlos Insignares, Carlos Velásquez entre otros más, que se mudaron al barrio de ” La Eternidad” y que viendo sus caricaturas, los podemos recordar.
En La Fama también coincidimos amigos coleccionistas de vinilos y melómanos reconocidos, que acordamos un encuentro especial, para con un mejor sonido los éxitos de la música salsa, como en familia disfrutar.
En el 2013 un grupo en cabeza de Germán Survay, Guillermo Chavarro,Carlos Mayan, y Luis Plata, entre otros más, se programó el primer encuentro que fué un éxito total y desde entonces no se dejan de realizar y cada vez es más espectacular, pero ya no hay espacio suficiente para tanta gente acomodar y se hace más patético en la temporada de carnaval.
Se aprecia un cambio generacional y es natural.
La Fama tiene ahora un mejor sonido y un staff de servidores que engalanan el lugar. Pero ya no quedan espacios para más sillas acomodar, ni en las paredes más caricaturas agregar, y que los clientes no me dejan de solicitar.
Ya don Abelardo abandonó aquella libreta de contabilidad manual, donde las cuentas no se las podían embolatar; ahora hay un sistema digital y hasta datáfono para pagar; y desde la orilla conversando con los últimos viejos que aún quedan, solo observa orgulloso como su hijo Iván lo lleva a otro nivel de prosperidad.
Celebro el desarrollo exitoso de La Fama con la esperanza de que no se pierda su historia, para que la huella importante que se haya podido plasmar no se vaya a desvirtuar, y depronto permitan reconocerla algún día como una esquina patrimonio cultural de la ciudad, por la calidad de la gente que allí ha tenido la oportunidad de tertuliar.
Es que a La Fama también han ido a visitar, destacados personajes de diferentes ciudades, como intelectuales, poetas, periodistas, médicos, deportistas, escritores, sociólogos, historiadores, ingenieros, pintores, cantantes, músicos, artistas, abogados, magistrados, gobernadores, alcaldes; y hasta políticos y politiqueros, que de pueblo se han querido untar, aunque solo haya sido para descrestar.
Una bitácora con la firma de personas ilustres que la han podido visitar y hasta un álbum con fotografías de las caricaturas con breve semblanza de los pintados, son ideas que aún tengo por madurar.
Pero la capacidad locativa del establecimiento se hace necesario ampliar, sin que se pierda ese toque esquinero y bordillero que a los barranquilleros informalmente nos gusta disfrutar.
Que viva La Fama con su música, y la cerveza bien fría, que allí es un placer tomar, “sinigual y siempre igual”.
Por
José R. Múnera N.


