Hay manchas que nacen con uno, como las del supuesto ” pecado original”, y por la que con el sudor de la frente, todas las cosas que queremos, podemos alcanzar.
Bien temprano por la mañana empujaban una carretilla papá y mamá, en la que iba montada una bella niña de meses, como una reina en busca de la felicidad y prosperidad.
El semblante de la familia y la apariencia de la carretilla recien construida, me hicieron pensar, que eran forasteros y un nuevo estilo de vida acababan de empezar.
Su tez blanca y finas facciones como heredadas de otras naciones, todavía la inclemencia del medio ambiente de Barranquilla no había alcanzado a maltratar.
Eran de Venezuela, donde la belleza de las mujeres crece como la verdolaga; y en todo el mundo las halagan.
Una ardilla dejó caer un mango del árbol de la esquina, que la madre del suelo recogió, en su falda lo limpió, a la niña se lo dio y con ansias como bendito desayuno se lo comió.
El poco dinero que transportaron, producto de la venta de los bienes que tenían, solo para armar la carretilla pudo alcanzar; con la que empezaron a recoger residuos de interés entre las basuras, para en puntos de acopio vender, y luego reunir un capital, con el que comprar algunos productos del campo, para después puerta a puerta ofertar.
Comercializar guineo y plátanos verdes era el plan que tenían para en corto tiempo empezar.
Se me vino a la mente la canción del Gran Combo ” El jibaro listo” en la ciudad.
El jibaro oriundo del campo de Puerto Rico, en la ciudad logró prosperar, orgullosamente cantaba que, hasta la mancha de guineo se le pudo borrar.
La familia venezolana en su proyecto aventurero, no sospechaba que la misma mancha, como tatuaje indeleble en sus cuerpos apenas se empezaba a grabar.
Las huellas del inclemente sol y la mugre que acumularían sus cuerpos, sería de tanto rigor, que visualicé el futuro de esa familia, con inmenso dolor. La mancha posiblemente sería peor.
Ahora se especula que la economía en Venezuela disque está mejorando, y por eso muchos venezolanos a sus regiones están retornando.
Depronto pienso, que más bien su experiencia les está indicando, que el mismo mierdero que
tuvieron en su tierra, aquí en Colombia se está olfateando y que de la poca mierda que quedó en Venezuela, los colombianos se están antojando; y es mejor comerse la propia, que en su tierra les queda, antes que otros se las vaya arrebatando.
Dichosos los que a tiempo, a mejores lugares salieron volando. Sus capitales en rentables negocios invirtieron y realmente están prosperando. Son los que con sus remesas, a sus familiares que no pudieron escapar, están ayudando, y hasta sus dólares el mismo régimen está aprovechado.
Ojalá que a esa familia de venezolanos el destino les tenga algo mejor reservado, y puedan también cantar orgullosos como el Jibaro listo: “….y ahora duermo con aire acondicionado”.
Por
José R.Múnera N.


