Este 4 de noviembre el mundo celebra el Día de la UNESCO, una fecha que conmemora la entrada en vigor de su Constitución en 1946, cuando la organización comenzó oficialmente a trabajar por la paz a través de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación. Aunque muchos creen que su aniversario se celebra el 16 de noviembre —día en que se firmó su carta fundacional en Londres—, la fecha real de nacimiento de la UNESCO es hoy, día en que su visión se hizo operativa y su voz empezó a resonar globalmente.
A lo largo de casi ocho décadas, la UNESCO ha sido testigo y protagonista de transformaciones mundiales que van mucho más allá de la simple promoción cultural. Su labor ha abarcado desde la protección del patrimonio histórico hasta la alfabetización digital, pasando por la libertad de prensa, la igualdad de género y la defensa del conocimiento como un bien común. Sin embargo, más allá de esos grandes titulares, existen iniciativas menos conocidas que revelan el verdadero alcance de su influencia.
Pocos saben, por ejemplo, que la UNESCO no solo protege monumentos o tradiciones, sino también conocimientos ancestrales que corren el riesgo de desaparecer. En su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial figuran prácticas como la elaboración tradicional de la cerámica de Talavera en México y España, el tejido del sombrero pintao de Panamá o el saber medicinal de los pueblos indígenas del Amazonas. Cada uno de estos reconocimientos es una forma de preservar la identidad de comunidades enteras frente al paso del tiempo.
Otra faceta poco mencionada es su Laboratorio de Inteligencia Artificial y Ética, un espacio creado para debatir los límites del desarrollo tecnológico. Desde allí, expertos de distintas partes del mundo trabajan para que la IA se desarrolle bajo principios de justicia, transparencia y derechos humanos. Es un esfuerzo que demuestra que la UNESCO no vive anclada al pasado, sino que mira de frente a los desafíos del futuro.
En Colombia, su presencia también ha dejado huellas profundas. Sitios como el Centro Histórico de Cartagena, el Paisaje Cultural Cafetero o el Carnaval de Barranquilla forman parte del legado reconocido por la organización, no solo por su belleza o valor histórico, sino por representar la diversidad y creatividad de los pueblos que los sostienen. La UNESCO, de alguna manera, ayuda a que la memoria cultural del país se mantenga viva y que su patrimonio no sea solo un orgullo local, sino una herencia para la humanidad.

