Y mi abuelo se los bailó….
Por: Moisés Pineda Salazar.
En los días de las “Guerras bananeras”[1], era más barato vivir en Bruselas que en San Juan de La Ciénaga, al otro lado del Río Magdalena.
Así, pues, unidos a la comparsa carnavalérica de “Los Gitanos”, “integrada por elementos sociales que están dispuestos a proceder con sus fiestas al reinado actual de Momo para lo cual tienen un nutrido programa de paseos y asaltos”[2], el cortejo principesco y diplomático de Su Majestad Olga Iª fue a confluir el sábado 30 en el tercer baile del ABC donde se lucieron las jóvenes disfrazadas de Diablesas, Alsacianas y con Polleras Panameñas[3].

En otro lugar y al mismo tiempo, “una alegre y bulliciosa comparsa de disfraces integrada por elementos sociales, invadió la residencia de Doña Enriqueta de Bockelman, en el que fueron recibidos con gentileza, sucediéndose una muy animada y agradable fiesta”.
Mientras tanto, las parejas de casados nombraban a Doña Ida de Manotas como Capitana de “La Guardia de Veteranos”[4] a cuyo cargo quedaba el baile del sábado 6, el cuarto guateque, en continuación de los festejos que incluirán la presencia de la Reina del Carnaval de Sabanalarga, Doña María Primera[5]

.Al día siguiente, en medio de la resaca, saliendo de un otra fiesta, no fueron pocos los que vistos de librea y corbatín se dirigieron hasta la Iglesia del Rosario para asistir, al medio día de ese domingo 31 de enero, al matrimonio de Don Eugenio González Porrati, hijo del Gobernador del Atlántico, Eparquio González, con la espiritual señorita Doña Pachita Sojo.
Mi abuelo, Manuel Pineda Díaz, hijo natural del empresario de Industria y comercio Francisco Pineda López y que, a la sazón, había terminado sus estudios de bachillerato en el Colegio Americano, vestido de rigurosa etiqueta, estaba entreverado en aquel sarao nupcial de “tinta azul” del que formaban parte la Reina del Carnaval y otros miembros del “Gabinete Real” que en tropel atravesaron la vía rumbo a la casa del próspero comerciante sita en la calle de Las Flores, entre los callejones del Rosario y Aduana antes de continuar hacia la Mansión de los González Porrati. Allí se concertaron para el asalto que efectuarían a la casa de Don Roberto de Zubiría el martes 2 de Febrero, en vísperas del viaje que “Las Libelulas”, “Las Españolas” y “Los Pierrots Modernos” harían hasta Calamar a bordo de la Lancha “A. E. S”[6] en plan de asalto carnavalero, a la gentil Reina de los Estudiantes y Princesa del Carnaval de Calamar Doña María Elena Paternostro[7], el sábado y el domingo.
En el día 1°, la sorpresiva invasión de carnestolendas había tenido lugar en los salones del Club Barranquilla y la atención de las hordas festejantes estuvo a cargo del Señor Andrés Obregón, un “caballero, galante”, un “barranquillero sin tacha”; una fiesta de esas que “sostendrá por mucho tiempo el prestigio social de Barranquilla, con los más altos y bellos relieves”[8].
Y siguieron las fiestas en los Clubes Sociales.

En tanto aquel sarao nupcial, y los otros de alto coturno, avanzaban en el Barrio de Las Quintas y en los salones del ABC y del Club Barranquilla, en uno de los pasajes del Barrio de San Roque, a sus dos años de edad, Manuel José Pineda Constante, el hijo en el que el bachiller repetía su propia historia de bastardía, jugaba con el barro que se formaba al pie del burro de madera que sostenía la batea tallada en una sola pieza de ceiba roja, en la cual Enriqueta, la tía negra, palomeaba la ropa de la semana cuando le llegaba el turno entre las vecinas de aquel pasaje urbano.
Mañe a quien también llamaban Moisés, había sido bautizado en la Parroquia Roqueña al cumplir cuarenta días de nacido según se estilaba por entonces.
Dicen que el rito se hizo con un padrino borracho, a instancias de su madre- Carmela Constante-, y a espaldas del joven padre quien seguía con su vida holgada y galante en la compañía de su bandada de amigos y amigas de clase.
El 15 de Febrero, lunes del Carnaval, el Club Alemán ofreció una fiesta de disfraces bajo el tema “Bajo el Reinado del Mikado” en referencia a uno de los títulos nobiliarios del aliado militar de Alemania en Oriente, el Emperador Japonés Taisho y del Principe Regente Hiro Hito[10], con la esperanza de que no ocurriera lo del Baile de inicios del mes en el Club Barranquilla cuando la presentación de las Comparsas de “El Pierrot Moderno”, “Las Libélulas” y “Las Españolas” se vio entorpecidas por súbitas suspensiones del fluido eléctrico [11].
De nada sirvió.
Igual, y a ratos, la luz se fue y la fiesta transcurrió en la semioscuridad producida por los peligrosos quinqués de petróleo.
Esa puesta en escena en el Club Alemán, además de las connotaciones políticas, respondía también al gusto por lo exótico y oriental que venía haciendo carrera en la sociedad barranquillera de aquellos años en los que, aunque todo lo presagiaba, pocos parecían percatarse de la tragedia que se avecinaba de manos de los 25.000 trabajadores de la United Fruit Company, de los braceros de los puertos y de los operarios del ferrocarril, que reclamaban mejores condiciones de trabajo y de remuneración en los tiempos de las “Guerras del banano”, cuando era más barato vivir en Bruselas que en San Juan de La Ciénaga, al otro lado del Río Magdalena.

De esa manera, cuesta mucho creerlo, aquellos potentados que residían en Barranquilla, sí que eran verdaderamente ricos[12]como totalmente ignorantes de lo que les subía pierna arriba a consecuencia de las acciones del Gobierno Norteamericano que intervenía militarmente en Centro América, en Puerto Rico, Cuba, Haití y en República Dominicana; en Colombia, en Venezuela y en Las Filipinas, buscando que las Empresas Transnacionales del banano ejercieran influencia en la formación del poder político y tuvieran el control militar y financiero de los países en los que se asentaban.
Aunque muchos historiadores no lo mencionan, las guerras que se suscitaron por el accionar de los Estados Unidos de Norteamérica tuvieron como motivación las demandas del empresariado gringo para garantizar la entrada y la defensa de las propiedades e intereses de los conglomerados petroleros, bancarios, bananeros, azucareros y de transporte en los territorios de los países que consideraban como “su patio trasero”. Al tiempo que, a tono con la Doctrina Monroe[13]y el Colorario Roosevelt14 [14], disuadían las dinámicas de expansión política y de competencia comercial de las potencias europeas en el Caribe y en el Continente Americano.
Pero, en tiempos de carnaval, ¿a quién le importan esas fruslerías?
1 THE COLLECTOR. “Las guerras del banano: Cómo Estados Unidos saqueó a Centro América” Las Guerras
Bananeras fueron una serie de intervenciones militares estadounidenses en América Latina desde 1898 hasta
1934. ¿Por qué están relativamente poco estudiadas y por qué se les llama guerras de los plátanos?
https://www.thecollector.com/the-banana-wars-how-the-us-plundered-central-america/ Consultada en Octubre de 2024
2 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 28 de enero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5
3 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 1° de febrero de 1926. Barranquilla. “Impresiones sobre el Baile del
Club Barranquilla recogidas por un reporter ocasional”. Pág. 2
4 DIARIO DEL COMERCIO. Ediciones del 3 y 6 de febrero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5
5 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 8 de febrero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5
6 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 4 de febrero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5
7 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 9 de febrero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5
8 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 3 de febrero de 1926. Barranquilla. “Club Barranquilla” Pág. 3
9 NOTA DEL AUTOR. Fotografía tomada de Internet con fines de ilustración. “En realidad”
https://www.facebook.com/photo/?fbid=645800001351152&set=pcb.645807048017114
10 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 4 de febrero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5
11 DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 21 de enero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5
12 VILORIA DE LA HOZ, Joaquín. Óp. Cit.
13 VARGAS URIBE, Diego. “La Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto”,
https://www.google.com/search?q=doctrina+monroe+pdf&sca_esv=189c82b39954af99&sxsrf=ANbLn5ZZdVTg
z3zBWXIVMukDD2JDOG_Dg%3A1767844592225&ei=8CpfadPADd66mtkP69T1sA0&ved=0ahUKEwjTLnhvuRAxVenSYFHWtqHdYQ4dUDCBE&oq=doctrina+monroe+pdf&gs_lp=Egxnd3Mtd2l6LXNlcnAiE2RvY3Ry
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14 MARTINEZ DÍAZ, Enrique R. “El Corolario Roosevelt, componente más agresivo de la Doctrina Monroe”.
https://www.revistas.unam.mx/index.php/rri/article/view/76203

