#DesdeElAlma
Hay canciones que uno no olvida.
Se quedan guardadas en el alma, como un eco de la niñez.
A muchos de nosotros nos enseñaron una en el colegio o en la iglesia:
“Jonás no le hizo caso a la palabra de Dios,
por eso al mar profundo la gente lo tiró,
y vino un pez muy grande y ¡pum! se lo tragó, porque él no le hizo caso a la palabra de Dios”
La cantábamos sin pensar mucho, pero la vida se encarga de explicarla.
La historia de Jonás tiene muchísima profundidad. Podríamos hablar de la soberanía de Dios, de su misericordia, de su carácter y de los atributos de su esencia, teología pura.
Pero hoy no quiero ser intencionalmente elemental. Quiero quedarme en lo que entendía un niño:
Hacerle caso a Dios.
Porque, si soy honesto, muchas veces no es que no escuche, es que no quiero obedecer.
Y entonces uno alarga el camino. Da vueltas. Huye. Se demora.
Pero a donde te escondas, a donde huyas de Dios, hasta allá te va a alcanzar.
Te va a alcanzar su amor, su cuidado, pero también su propósito.
Dios no soltó a Jonás. Ni siquiera la muerte tenía poder para detener lo que Dios había decidido hacer.
Y míralo bien.
¿Dónde lo vomitó el pez?
En Nínive.
Exactamente donde Dios lo había mandado.
Jejeje. No alargues lo que ya sabes que Dios quiere hacer contigo.
Bendiciones #DesdeElAlma


