La curiosidad al hombre siempre lo ha embargado; y entre muchas cosas más, en saber, cuál fue el primer apellido, se ha interesado. Esto porque, generalmente el origen de los apellidos, con alguna actividad, condición particular o ubicación geográfica los han relacionado.
Algunos han escrito, una leyenda en la cultura hebrea, diciendo que, Adán, antes que Eva, tuvo a Lilith como primera compañera, creada simultáneamente con la misma pelota de barro, que antes del soplo de vida, ambos fueran.
Que se habían separado, por incomprensión sexual en la posición, y en la autoridad que nunca acordaron, porque desde un principio, ninguno de los dos quería ir abajo.
Que Lilith cogió por otro lado, y hasta con un hermoso ángel de luz bella, que las normas de la organización celestial también había violado, se habría enamorado, y que algunos hijos desobedientes y endemoniados
engendraron; que por supuesto, Adán no había criado, y en el paraíso se habían desordenado.
En ese primer desorden terrenal, mucho tiempo había pasado, que hasta Adán, también, con varias mujeres, algunos polvos se le extraviaron, dejando además varios hijos regados.
En el proceso de la creación, Adán observó que, Dios, a todos los animales como hembra y macho los había emparejado; mientras él se encontraba solo, por lo que otra pareja especial le había solicitado.
Depronto, después de un profundo sueño, Adán ha despertado. Miró hacia el árbol de al lado, del que antes Dios le prohibió, que su fruto no fuera probado. Otra hermosa mujer, de larga cabellera, anchas caderas y pecho pronunciado, recostada en el tallo, había observado. Sigilosamente se le ha acercado, y tímidamente la ha tocado, para asegurarse de lo real que había presenciado.
Una voz desde el cielo le dijo: “de una costilla tuya, mientras dormías la he creado”, para que siempre estés bien acompañado. Sus medidas eran perfectas y su silueta espectacular; su cintura y sus caderas, solo con la forma y textura de una exquisita pera se podían comparar.
Adán en su natural escaneo y curucucheo, la curiosidad lo invitó a descubrir otras cosas más; como saber, por donde le había ingresado la costilla que le quitaron, para poderla a ella crear.
Eva observó, que Adán tenía una quinta extremidad, la cual no necesitaba para agarrar, ni caminar, pero que actuaba como una antena, detectora de mensajes enviados por élla, quien además le indicaba un conducto regular, para la unión asegurar.
Pero la necedad estaba sentenciada, cuando le mandaron la señal celestial, que le decía, : “de esa compañera en forma de pera, no comerás, porque “perecerás”. Adán no pudo contener sus emociones, ni las tentaciones tampoco controlar, porque fue un acto reflejo incondicionado, como cuando un dedo se ha de quemar, o pinchar, y se busca un lugar como la boca, o cualquier cosa húmeda, para poderlo enfriar.
Por esa desobediencia, el ADN de ADAN, se empezó a multiplicar, y su descendencia con las mismas características, en el mundo se ha podido regar.
La culpa se la han cargado a Adán, porque generalmente el hombre seduce por su afán, pero, como que Eva tampoco era cualquier pera en dulce, y entonces de manzana se decidió disfrazar, personificando como culebra a la quinta extremidad, y decidiendo que, solo por la cabeza, la podía controlar.
Adán adoptó el apellido de Eva, por su forma de pera, aceptando que las mujeres siempre mandarán; por eso ambos Pérez fueron y perecieron, pero el fruto de ese amor se fue multiplicado por todos lares, observándose hoy en muchos “Perales” que, como Pérez nacieron, Pérez crecieron y perecieron; como también, en la dinámica de la vida, más “Pérez necerán”; y también Pérez serán. Desde entonces nacieron los celos de la mujer, que Eva, como en pera, se sintió segundera, cada vez que Adán se le perdía en el Edén, creyendo que estaba con la primera.


