Se les dijo, se les advirtió, se les insinuó, se les recomendó, pero……
Hay aves de mal agüero, que cuando hacen presencia, o se expresan con su canto, no dejan de mortificar; como cuando un compañero de trabajo morenito y bajito, que le decían “el chirrío”, por su parecido con ese pajarito negrito y de brillo azulito, que siempre para chirriar pega salticos.
“El Chirrío” tenía la manía de desconfiar, sobre cualquier nuevo proyecto a tratar, en el que se le invitaba a participar; pero como siempre, su señal de desconfianza dejaba mostrar.
“Yo estoy asusta’o”, era la particular expresión que generalmente usaba, cuando bajar el costo de mantenimiento de la planta, la gerencia habría solicitado.
En los años setenta, había un programa radial conocido como “La hora Philips “, en el que nos divertía Hevert Castro, un coloso humorista uruguayo, quien tenía varios personajes con los que nos hacía divertir, al pegarnos al radio para escucharlo y reír.
“El Peraloca” era uno de ellos, y empezaba con su particular tono de voz: “se le dijo, se le advirtió, se le recomendó, que cuando fuera a pasar la calle, lo hiciera cuando el semáforo lo indicara. Pero,… no quiso hacer caso, se pasó tan recomendable consejo por la faja. Y.. saben ustedes, ¿cómo queda una guanábana madura, después de haber caído de un cuarto piso?
Bueno,… pues quedó igual, pero sin las pepitas”.
Luego de tantas especulaciones durante la campaña presidencial, y las de ahora en Colombia, por todo lo mediático que el nuevo presidente y su anunciado gabinete se han permitido anunciar; al “Peraloca” he tenido que recordar; por supuesto, deseando que los
consejos que lo hicieron célebre con sus bromas; en el nuevo gobierno no nos los tengan que recordar.
Que la suspensión de extracción de petróleo, que si la eliminación de las eps, que el impuesto a las pensiones y planes de celulares, que la reforma a la policía y al sena, que la tramoya del perdón social, que sí la complacencia con personajes y organizaciones de dudosa reputación, que la seguridad sería controlada por colectivos, que si los guiños con Maduro y Putin; que el incremento del dólar- aunque su efecto sea por un fenómeno económico mundial- que, en nuestro país lo han consolidado con el pánico financiero particular, debido al cacareado cambio social.
Que unos ministros son muy viejos para estar en esto; y otros muy jóvenes e inexpertos.
Que hasta la contaminación del campo con excremento del ganado han mencionado, por lo que un impuesto especial sería aplicado.
Que si tienes un terreno y no produce un carajo, entonces se lo tienes que vender barato al estado; a menos que aceptes pagar un impuesto predial desproporcionado.
Alguien preguntó impaciente: ¿ y cómo tributarán las extensas tierras a cargo de los indígenas, que posiblemente no puedan producir lo suficiente, para tener al estado complaciente?
Dizque el nuevo presidente, aún sin haberse posesionado, con relación a la organización de Ecopetrol se ha pronunciado; y ya como el difunto Chávez, con amenazas se ha expresado.
Por lo anterior y otras cosas más, que se han escuchado, el pueblo está asustado, las oficinas de pasaportes se han congestionado; algunos están comprando dólares, y otros ya han emigrado.
La verdad es que como decía mi compañero el Chirrío, : ” yo también estoy asusta’o”, confundido y atribulado, por todas las cosas que por los medios y redes se han comentado; y que hasta algunos afectos al pacto “histérico”, parece le han retirado.
Ante tantas inquietudes sin convincentes respuestas, ojalá que el 7 de agosto, cuando el nuevo presidente se vaya posesionar, el estribillo del famoso humorista podamos emular, el que antes de su programa decía al empezar: “Preparense a reír, preparense a gozar, porque Hebert Castro ya está listo para actuar”; cambiando su nombre por el de Gustavo Petro, al final.
Pero sin nada negativo que el “Peraloca” tenga que decir, advertir, ni recomendar.
Aunque la verdad es que, son muchas vainas, las que con una sola mano izquierda el nuevo gobierno quiere soportar; por lo que, algo con la derecha se tiene que ayudar.
Sería bueno considerar, que Colombia todavía es una tractomula vieja, de transmisión mecánica; que para llegar a su destino, el timón con la izquierda lo puede dominar, pero lo cambios con la derecha los tiene que aplicar; que si quiere parar o avanzar con el pié derecho los respectivos pedales debe utilizar, aunque con el izquierdo sea necesario enclochar.
Pero si el cloche no sabe dominar, el disco puede quemar, y tal vez al destino deseado, no podría llegar.
Por
José R. Múnera N.


