En entrevista exclusiva con Extra Noticias Radio, el ingeniero Rodrigo Grass encendió las alertas sobre el futuro del macroproyecto urbanístico Alameda del Río, ubicado en Barranquilla. Según su análisis, la situación actual de esta gran conjunto de edificaciones empiezan a mostrar indicios alarmantes que recuerdan lo vivido años atrás en Campo Alegre, otro desarrollo que ha enfrentado múltiples fallas estructurales.
El ingeniero afirma haber visitado al menos siete conjuntos dentro de Alameda, y aunque aclara que hay diferencias en la topografía entre ambos sectores, sostiene que comparten un problema clave: el tipo de terreno.
El ingeniero explicó que tanto en Campo Alegre como en Alameda del Río se construyó sobre la misma formación geológica, en una arcilla que, si no se trata adecuadamente, puede provocar deslizamientos, agrietamientos y colapsos. A pesar de que en Alameda hubo más precaución al momento de hacer cortes en el terreno, no se aplicaron los refuerzos necesarios para evitar futuros problemas.
Uno de los errores más evidentes, según Grass, es la manera como se ha distribuido la edificación en niveles. Al usar el método de “terraceo”, se han generado flujos de agua subterránea que van de las zonas altas a las más bajas. Esto, sumado al hecho de que Alameda del Río se encuentra a una menor altitud que Campo Alegre, ha provocado una acumulación de agua que viene desde otros sectores, cruzando incluso por debajo de la Circunvalar.
Otro punto crítico es el pasado hidrológico del terreno. De acuerdo con Grass, hace décadas en esa zona existían varios cuerpos de agua naturales que fueron tapados sin la debida planeación. “En planos antiguos pueden verse hawueyes, zonas de acumulación de agua, que simplemente se cubrieron para construir encima. Y ahora esa agua busca por dónde salir”, añadió.
El ingeniero explicó que algunas zonas “comunes” como los parqueaderos dentro de los conjuntos o porterías , al no estar construidas sobre pilotes, están siendo fuertemente afectadas por la saturación del suelo. Aunque las viviendas todavía no muestran colapsos totales, ya hay edificaciones con fisuras y grietas. A esto según el ingeniero se suma la falta de recursos de los propietarios para financiar estudios técnicos que identifiquen la magnitud real del daño.
El ingeniero fue enfático al afirmar que en varios conjuntos el nivel del agua subterránea es tan alto que ha llegado a llenar registros eléctricos en los pasillos de entrada de los apartamentos. “Eso no es normal. Hay movimiento en el terreno y las construcciones ya lo están sintiendo. Y esto apenas comienza”, concluyó.


