Hay siglas en comunicaciones, que ya se vuelven familiares, cuando algo relacionado con ellas es preciso tratar. Por ejemplo, cuando escuchamos o leemos ONU, inmediatamente sabemos que es sobre la Organización de las Naciones Unidas, OIT referido a la Organización Internacional del Trabajo, OMS, a la Organización Mundial de la Salud, DANE si es sobre el Deparatamento Administrativo de Estadísticas; entre muchas siglas más.
Hay una sigla en economía que es bastante popular, conocida como PIB, que representa al Producto Interno Bruto, para refererirse a un factor que define la “sumatoria de todos los bienes y servicios que produce la sociedad”.
Este factor, según su tendencia, señala el desarrollo o progreso de la economía de un pais en ascendencia, o su contracción por decadencia.
“Los bienes y servicios”, en teoría, deben ser de diferentes características, “en función de lo bueno”, para que satisfagan las necesidades de los consumidores; y sobre éstas necesidades es que generalmente se inspiran las empresas y los emprendedores.
Colombia se ha destacado en el contexto mundial, porque el talento de su gente, hace que se produzcan cosas, que interna y externamente sean de interés general; como se pueden observar a nivel industrial, comercial, deportivo, artístico y cultural.
Lamentablemente, en los últimos años se ha destacado una “producción de males y servicios”, o servicios en función de la maldad, que también inciden en el comportamiento de la economía, y que sus rentas no son fáciles de cuantificar, aunque los activos de dichas empresas fachadas o lavaderos, físicamente pudieran ser fáciles de observar.
Estas empresas generalmente apoyadas en actividades ilicitas, aportan, lo que yo, con las siglas PIBD me permito identificar, como “Producto Interno Bruto Delictivo”, que al parecer mucho han prosperado por la especializada corrupción, que hasta sus malignos servicios alcanzan a exportar.
Es que, parecieran empresas multinacionales robustas, por su capacidad de daño estructural, como también del gran poder delincuencial, para todo con fácil solvencia manejar, por el inmenso capital, producto de la narcoeconomía, como maquinaria principal internacional, también con intereses políticos de manipulación social.
Todo lo anterior para referirme, a las posibles empresas de sicariato, que últimamente ponen a Colombia en un indecoroso lugar a nivel mundial, si se tienen en cuenta todos los asesinatos que en el interior del país han tenido lugar, y algunos magnicidios, como “servicio de exportación”, que ya se han podido notar.
Para los “males y servicios” por asesinatos internos conocidos, no me alcanzarían los caracteres permitidos, para por este medio escrito expresar; de los que fácilmente se recordarían los de Jorge Eliecer Gaitán, Alvaro Gomez Hurtado y Luis Carlos Galán, entre muchos líderes sociales más, como mi hermano Adolfo Múnera, quien hoy descansa en paz; por lo que es más fácil recordar, los tres últimos servicios sicariales, que la imagen negativa de Colombia ha hecho escandalizar.
Una brigada de mercenarios colombianos, participaron, para con la vida del presidente Moise de Haití, acabar. Algunos delincuentes colombianos, sus servicios prestaron, para con el fiscal Marceli Pecci de Paraguay, en nuestra propia patria asesinar. Ahora, como para confirmar la especialidad, de servicios delincuenciales a exportar; en Ecuador siete colombianos han sido identificados, por participar, en el asesinato de Fernando Villavicencio, un candidato presidencial.
No son los móviles de tantos asesinatos, lo que pretendo con éste sutil comentario, esculcar.
Es la actitud de muchos conciudadanos, que ya no respetan las instituciones, la autoridad, ni la suerte de sus propios hermanos, y que están mostrando a Colombia, como si la corrupción y la criminalidad, ya formaran parte del ADN del ser, por predisposición natural, y que desvergonzadamente hagan ver en nuestro país, la violencia y el terrorismo, como algo cultural.
Hay que hacer algo, para la imagen de nuestro pais mejorar, si se quiere entre otras cosas, que el turismo sea fuente de desarrollo, para una economía formal estimular; porque en las actuales circunstancias de inseguridad, más bien los turistas e inversionistas, se pueden espantar; y como decía Héctor Lavoe: ” ni pa’ allá voy a mirá”
En las escuelas y los colegios, se pueden adquirir nuevos conocimientos para progresar, pero el valor del respeto, la honestidad, la honradez y la responsabilidad, solo en un sano hogar, se pueden alimentar.
Oh! cuanta letra dura y menuda, en voluminosos códigos de derecho hay en la sociedad, para tratar de corregir la humanidad, cuando apenas son sólo diez, los mandamientos para las cosas ordenar; de los cuales hay dos básicos que ayudan a cumplir con los demás:
El que recomienda honrrar a padre y madre quienes te dieron la vida material, y que por el bien de uno y el de lo demás, debes saber administrar; considerando que, lo que sea bueno para uno, no debe ser malo para los demás.
El primero y fundamental es: amar la vida en sí mismo, con capacidad de amar igualmente a los demás; porque amándonos a nosotros mismos, estamos amando al ser superior espiritual, quien nos la permitió, a su propia imagen y semejanza, para que sólo en función de lo bueno la debamos utilizar.
Es que, quien no honrra a sus padres, mucho menos honrará a la madre patria, ni amará a la madre naturaleza, que le permiten el espacio donde poderse desarrollar.
Siempre se ha dicho que, ” la familia es el núcleo de la sociedad”; pero el núcleo se ha desintegrado, en tal medida, que como en el de los átomos, sus protones y neutrones se han desintegrado, y como una bomba atómica social, muchos daños han causado.
¿Cuántos padres en éstos tiempos, tendrán la autoridad moral, para decir de sus hijos que:” sus actitudes delincuenciales no se las llegó a enseñar, porque no lo pudo criar, ni tampoco lo ayudó a educar”?
No es la cantidad de tiempo dedicado, es la calidad de los momentos compartidos, que alguna enseñanza buena les haya dejado, cada vez que se hubieren separado, por cuestiones de trabajo o algo diferente no deseado.
El Producto Interno Bruto Delictivo PIBD, se ha disparado, porque muchos hijos sin el afecto y calor de unos padres se han levantado, y hoy prestan servicios, a otros que equivocadamente los han educado; quienes tal vez, de infantes también fueron maltratados, y forman empresas de alimañas, que con muchas mañas, han sido especializados, propiciando un ambiente social desordenado.
Lo más complejo es que, las rentas de estas actividades, también se han politizado y disparado, afectando la economía en mayor grado, que hasta precio le han puesto a la vida de los personajes que afectan el desarrollo del ilícito mercado, y pareciera que en una bolsa de valores de la política, estuviera tasado.
Realmente, en Colombia se necesita un cambio profundo, pero, más sincero, sensato, honesto y mesurado; para que realmente sea “una potencia de vida” en la que el PIBD, de mi estadística subjetiva, sea eliminado.


