Moscú se convierte esta semana en epicentro geopolítico con motivo del 80.º aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha convocado en la capital a una treintena de mandatarios de distintos rincones del mundo para participar en una conmemoración que, además de histórica, tiene una clara carga simbólica en el actual escenario internacional.
La tradicional parada militar en la plaza Roja, prevista para el 9 de mayo, contará con una notable presencia de líderes asiáticos, reflejo del giro estratégico de Rusia hacia Oriente desde el inicio de su enfrentamiento con Occidente. La figura central será el presidente chino, Xi Jinping, cuya visita se prolongará durante cuatro días e incluirá un encuentro privado con Putin el día anterior al evento principal. También estarán presentes el secretario general del Partido Comunista de Vietnam, To Lam; el jefe de la junta militar de Birmania, Min Aung Hlaing; y el presidente de Mongolia, Ukhnaa Khurelsuk.
Desde América Latina, el Kremlin ha confirmado la participación de los presidentes de Brasil, Venezuela y Cuba. Luiz Inácio Lula da Silva regresa a Rusia después de quince años y será recibido por Putin este viernes. Por su parte, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel ya han mantenido reuniones con el mandatario ruso, reforzando así los vínculos diplomáticos con Moscú.
África también tendrá una representación significativa en el desfile, con varios líderes invitados en el marco de los esfuerzos del Kremlin por fortalecer alianzas en ese continente, principalmente a través de acuerdos de cooperación militar.
Más que una simple efeméride, las celebraciones de este año han sido concebidas como un acto de reafirmación del liderazgo internacional que Rusia desea proyectar. En medio de tensiones globales, Putin recurre a la memoria histórica para reunir a sus aliados estratégicos y reforzar su imagen ante el mundo.


