En medio de la polémica generada por el posible traslado de cabecillas de bandas criminales como Los Pepes y Los Costeños a Barranquilla, el sacerdote holandés Cyrillus Swinne, ampliamente reconocido por su labor social en el sur de la ciudad, fue designado como facilitador de los diálogos con estas estructuras criminales.
La decisión se da en un contexto de alta tensión institucional, luego de que durante varios días se comentara el traslado de peligrosos delincuentes a la capital del Atlántico, lo que generó fuertes reacciones y posiciones encontradas entre distintos mandatarios, especialmente entre el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, y el presidente de la República, Gustavo Petro.
El debate se intensificó debido a la preocupación ciudadana por el impacto que podría tener la presencia de estos cabecillas en una ciudad que, en los últimos años, ha registrado un aumento sostenido de distintos delitos y hechos de violencia.
Un puente entre la comunidad y la paz
El padre Cyrillus Swinne es una de las figuras religiosas y sociales más reconocidas de Barranquilla, especialmente en sectores populares del sur de la ciudad. De origen holandés, llegó a la capital del Atlántico a finales de la década de los setenta y desde entonces decidió establecerse de manera permanente en Colombia, dedicando su vida al trabajo social, comunitario y pastoral.
Pertenece a la orden de los Ministros de los Enfermos – Camilos, una congregación enfocada en la atención de personas vulnerables, enfermos y adultos mayores. Su presencia constante en barrios históricamente marginados lo convirtió con el paso de los años en un referente de liderazgo social y acompañamiento comunitario.
Desafíos y expectativas
La designación del sacerdote Cyrillus Swinne como facilitador de los diálogos con bandas criminales se produce en un escenario complejo, marcado por la desconfianza de amplios sectores de la ciudadanía frente a cualquier tipo de acercamiento con estructuras ilegales.


