Una mujer estadounidense falleció en Suiza tras usar la cápsula de suicidio asistido “Sarco”, diseñada para inducir la muerte mediante nitrógeno. El dispositivo futurista fue empleado por primera vez, lo que ha generado un debate sobre su legalidad en el país. Según el periódico suizo Blick, las autoridades han iniciado procedimientos penales contra varias personas, ya que el uso del “Sarco” podría violar leyes de seguridad de productos y productos químicos.
El inventor del dispositivo, Philip Nitschke, describe la muerte como rápida y pacífica, pero expertos y activistas de derechos humanos han cuestionado la falta de pruebas que demuestren que este método no cause dolor. Suiza permite el suicidio asistido desde 1942, pero este caso ha reabierto el debate sobre los límites éticos y legales de los métodos utilizados para poner fin a la vida de manera autodeterminada.
Este incidente se suma a la polémica global sobre el uso de nitrógeno en procedimientos de eutanasia y ejecuciones. En Estados Unidos, un condenado a muerte experimentó una agonía de 22 minutos bajo el mismo método, lo que ha encendido las alarmas sobre el sufrimiento que puede generar esta técnica, incluso si se presenta como “humanitaria”.


