Es de humanos errar y hasta es más factible cuando a otro humano se trata de calificar o señalar.
En esto me han puesto a pensar, el toma y dame entre el Presidente Gustavo Petro y Barbosa el exfiscal general. Pero aún más, la polarización de sus seguidores que nunca puede faltar.
Solo Dios es infalible, y sinembargo algunas veces somos atrevidos, cuando sus creaciones tratamos de cuestionar, lo cual sí es un error garrafal.
Es que no hay creación más perfecta que la obra natural, esa que, el mismo hombre en condición prepotente, ha creído poder modificar, para por caprichos de vanidad, a otros hombres mejor impresionar y dominar. Pero el hombre insolente, que no tiene bien claro de donde viene, en donde se encuentra, ni para donde va, pareciera valorar más, a otro de
condición material, cuya condición a nivel terrenal puede apreciar, y hasta untarse de su aparente poder para a otros menospreciar.
En ese orden de ideas, pareciera que, los hombres crean los dioses que mejor los puedan agradar, y hasta las respectivas iglesias o clubes donde poderlos alabar y adorar. Es que el fenómeno, en cuestiones políticas se puede observar, y es así cómo han surgido líderes que, como caudillos sin querer queriendo, han tenido confundida a la humanidad; desconociendo que también tienen un limite de competencia, para todos los problemas poder solucionar.
Hay una tendencia simplista, que es la que por falta de conocimientos o una mejor educación, sus fanáticos, los tienden a seguir y hasta venerar; porque que tienen una habilidad o don natural, que con una admirable elocuencia y locuacidad, convencen fácilmente a los que les interese descrestar.
En éstos tiempos de efervescencia y calor político, económico y social, cargados de mayor complejidad, los fieles seguidores, están convencidos de que sus respectivos líderes no les podrán fallar; porque los consideran seres infalibles, que siempre tendrán la solución efectiva para cada problema solucionar, y eso no es verdad.
Nuestros líderes son seres humanos de carne y hueso, con capacidad de errar; algunos actúan muchas veces por prepotencia y no están dispuestos aceptar sus debilidades, por complejo a perder credibilidad.
En un país, tener o no tener la razón, en una posición presidencial, es un dilema que un verdadero líder debe mancomunadamente saber manejar, con el grupo representativo del pueblo que democraticamente los ha elegido para gobernar. El presidente no es infalible, y una apreciación errada de su parte, cualquiera de los miembros del grupo, pudiera tener la clave para un supuesto problema solucionar, por supuesto si se despoja de su complejo se superioridad, como máxima autoridad.
El presidente de un país elegido democraticamente, es un administrador de los bienes de una nación, y debe ajustarse a la estructura piramidal establecida, de conformidad con la constitución; de manera funcional con los diferentes organismos o poderes del estado, para darle a los problemas su respectiva solución . La organización piramidal en la administración, permite un adecuado control del alcance en la relación funcional, hacía la base que tiene que gobernar; por lo que “un administrador no puede estar en la misa, en la procesión, tocando las campanas y tirando los voladores, como en una fiesta patronal”.
En la estructura organizacional, cada quien debe estar en su respectivo lugar, y cada cual en el suyo debe tener funciones claras que, con buen criterio, apoyado en su profesionalismo y comprobada especialidad, debe saber realizar con relativa autonomía y responsabilidad.
La administración donde el líder tiene que definir y encargarse de todo, se conoce como organización plana o “tipo peinilla”, y los problemas los toca por las orillas. Generalmente se le salen de control, por no poder tratarlos todos con el correspondiente rigor.
En una estructura organizada, la administración debe tener un adecuado control del alcance de los objetivos, que deben ser los suficientes que se puedan lograr de manera alcanzables con los recursos disponibles, considerando los riesgos sociopoliticos y económicos, para los que previamente deben realizarse los respectivos análisis de riesgos, en los que se apoyan las estrategias y tácticas; para no resultar improvisando ante cada reto, por no haber elaborado planes de acción adecuados, que permitan enfrentar las diferentes contingencias administrativas, operacionales y hasta de emergencias.
Entonces, los presidentes son humanos, cometen errores, no son infalibles, y el de Colombia, Dr. Petro, no es la excepción; por lo que sus respetables seguidores, esos que por él con los demás se pelean, no deben creer que sea un ser superior, a quien todos, como a un Dios tengan que seguirlo y amarlo con exagerada devoción.
Por supuesto que hay que respetarlo, por su especial condición, como Jefe del Estado Mayor, en nuestra nación.
El país tiene que ser un conjunto consolidado de esfuerzos y empresas rentables, donde sus utilidades puedan ser reinvertidas de manera proporcional y solidaria para el crecimiento de las mismas, por el bien de todos los que participan en ellas, lo cual constituye el desarrollo de la población.
Mejor organización y método, en armonía con todo y con todos, es la solución. La política es el arte de gobernar, y la “diplomacia” es la clave para las asperezas y discrepancias manejar. La admiración por el discurso bonito del presidente Petro me hace recordar, el cuento de Lucho Torres, un humorista popular.
Lucho creía que las mujeres bonitas no peaban, y que eso solo le pasaba a su mamá, hasta que una experiencia con una fina dama en bus urbano le mostró la realidad; cuando un simple pasajero, para tapar su vergüenza un pedo de ella tuvo que adoptar.
Lo gracioso del cuento es que, de ese favor nació una curiosa relación de amor, que con el tiempo, por otra experiencia fecal en el hogar, y más dura que el simple gas, la relación se tuvo que terminar; porque a uno de los dos, la palanca del inodoro se le olvidó bajar.
De los gobernantes no se esperan excusas, sino resultados, de conformidad con las expectativas que en sus respectivas campañas, del pueblo sus votos conquistaron.
Los presupuestos de los proyectos no siempre son exactos; son aproximaciones económicas para el logro de los objetivos; pero una desviación significativa, refleja una inadecuada gestión, en las diferentes metas, por falta de una adecuada planificación.
La planificación, organización, ejecución y control, son las cuatro etapas de la administración, que se deben desarrollar juiciosamente por parte de profesionales o expertos en la respectiva gestión.
La estabilidad en los cargos claves también es importante, para asegurar la experiencia en la gestión, por lo que, la carrera administrativa, dentro de las área específicas, es fundamental para el mejor desempeño y continuación de los proyectos en una nueva administración.
El cambio frecuente de jefes, directores y ministros dentro de una misma organización, se presta para eludir responsabilidades, y justificar lo no logrado; mirando siempre por el retrovisor, culpando al gobierno anterior.
La administración debe ejercerse en un clima de agradable armonía, procurando entre los miembros involucrados felicidad, para que el resultado de las diferentes gestiones no le resulten en meras ironías, por pérdida de voluntad.
En cuanto a la infinita y vergonzosa confrontación entre el Presidente Petro y el exfiscal general de la nación, y ahora con la vicefiscal encargada, porque el titular terminó su función, cada día salen a relucir de parte y parte, manchas que ensucian el prestigio de nuestro pais ante el mundo entero, y que confunden, al tener que pensar, que todos tengan rabos de paja, sin poder reconocer al más embustero; por lo que, para poder sofocar el inclemente fuego, deberían evitar pisarse las mangueras, como regla general de bomberos.
Por otro lado, las instituciones del estado fueron creadas para democraticamente definir y resolver los problemas de la nación, con base en la constitución; por lo que las convocatorias a marchas por parte del mismo presidente, es otro peligroso error, que puede inducir al pueblo a una belicosa e indeseable confrontación.
El país se encuentra volando en una compleja nave administrativa, donde el presidente autosuficiente es el que lleva los controles del avión, y que no permite la correcta operación a una experta tripulación, en el plan de vuelo tal vez también errado de su dirección.
Que Dios salve la patria, concediendo a nuestro presidente suficiente inteligencia y sabiduría, para que resuelva eficiente y armoniosamente los retos de cada día.



