Hacía un buen tiempo, que no caminaba por el malecón Caimán del rio, como lo he hecho hoy.
Aunque me queda cerca, a unas pocas cuadras de mi casa en Barranquilla, su belleza poco he disfrutado, porque generalmente cuando lo intento, el parqueadero siempre está copado.
Pero, porqué ir en carro tan cerca, el lector se habrá preguntado. Es que para irme a pie, por el callejón entre Marysol y Villatarel, tendría que haber pasado, y antes de llegar a la calle 72, seguro me habrían atracado.
Pero realmente lo que quiero destacar, son las cosas nuevas y viejas que en el atractivo lugar he encontrado.
Un buen número de turistas, de aspecto interiorano, asombrados por el hermoso paisaje que el Magdalena les ha brindado bien temprano; donde la corriente besa sus riberas y el inmenso sol abraza con sus radiaciones, la delicada piel de esos visitantes henchidos de emociones y cachetes colorados.
La palabra de Dios no podía faltar, por medio de una pastora, que a un buen número de creyentes, reunía a esa hora, cuando recientemente se había puesto el sol, después de ocultarse la aurora.
Al ver a la oradora y ese grupo de personas rezando con fe, no pude evitar recordar, tomándome después un café, el tema musical de Tito Gomez: ” pastorita tiene guararé”.
Continúo caminando para ver qué más iba encontrando. Entonces veo un pequeño monumento, en homenaje a Barranquilla, cuando fue erigida en Villa, combatiendo al ejército español, en la ” batalla del Chuchal”, un curioso lugar, tal vez más cerca de Soledad, y cuyo nombre, hoy por pena, sus habitantes quisieran cambiar.
Es una escultura de un soldado patriota uniformado, que nuestro famoso escultor Yino Marquez ha elaborado, entre un par de cañones a los lados, que quien sabe, cuantas bolas de fuego en otro lugar habrían disparado.
Es que, los cuentos de la historia de Barranquilla, al parecer no han sido bien contados. Se dice que hubo un intento de reconquista, en el que mujeres ñeras y de hermosas caderas, a los españoles, además enamorados, dejaron frustrados, por el coraje que demostraron, con las armas que habían utilizado. Los españoles como que perdieron el control, al ver todo el chuchal alborotado y ante tantas valientes y hermosas mujeres, terminaron arrodillados.
Continúo caminando, y me puedo percatar que, llegó diciembre y no hay señales que en el malecón, las luces acostumbradas de navidad se vayan a instalar, ni tampoco el inmenso pesebre familiar.
Aunque, alguien me dijo, que para este año, el pesebre mas grande del mundo iba a ser montado; y que tal vez para verlo en un lugar, que no pude haber precisado, un tiquete previamente debería ser pagado. Después me enteré que es verdad, y caí en cuenta, que no es precisamente en el malecón, sino en la esquina de la setenta y dos, con la Vía cuarenta, como dice una tarjeta de promoción.
Me llamó la atención el diminuto pesebre, que armó la policía nacional, en su respectiva caseta, donde tal vez sus plegarias y adoración al niño Dios tendran que realizar, para que los libre de la casi incontrolable ola delincuencial, que sorprende en cualquier lugar.
Sigo andando y observo como el avistamiento de aves va aumentando. Noto que son las mismas garzas, goleros, y mariamulatas, que en la descarga de un efluente prefieren pescar, porque allí los barbules con los residuos juegan ping pong, y al parecer, todos más fácil su alimento pueden encontrar. En la sede del propio caimán, y de allí hacia el extremo occidental, las estructuras metálicas de techos, postes, lámparas y barandas, la corrosión ya se puede observar.
Hasta al Johnny Walker, ya es hora que el vestido entero le tengan lavar, y apartarle la caja sucia llena de botellas de cerveza, dejadas a su lado, por quienes su whisky no pudieron tomar. De regreso en sentido contrario intente tomar agua en dos de las pilas instaladas, y ninguna pudo entregarme nada; tal vez estén bloqueadas o desconectadas.
Este cuento que comento con carácter constructivo, es un llamado oportuno de atención, para aquéllos que tienen la responsabilidad y obligación, del sostenimiento y mantenimiento del Malecón.
Es que no he podido olvidar aquel parque Muvdi tan bonito, con juegos, toboganes y hasta piscina con olas, en el que también su estructura metálica se corroyó, porque a su mantenimiento no le pararon bolas, y sin un buen plan de sostenimiento, todo ese bonito sueño se derrumbó.
Por la experiencia anterior, entre otras más, esperamos que la alcaldía tenga un plan integral, para que los parques y nuevos proyectos por ejecutar, cuenten con un adecuado programa de atención, mantenimiento y sostenibilidad.
He quedado con la tristeza, además, de no ver en el malecón, la acostumbrada decoración e iluminación de navidad.


