Una noche que prometía música y alegría terminó teñida de luto en Santo Domingo, República Dominicana. Lo que comenzó como un esperado concierto del icónico merenguero Rubby Pérez se convirtió en una tragedia nacional cuando el techo de la histórica discoteca Jet Set colapsó de manera repentina. Con el paso de las horas, las cifras oficiales se han tornado más sombrías: 113 personas han sido confirmadas como fallecidas y más de 150 resultaron heridas, mientras los rescatistas continúan entre los escombros en busca de más cuerpos.
El derrumbe ocurrió en la madrugada del martes, mientras cientos de asistentes disfrutaban del show musical. La estructura cedió sin previo aviso, atrapando a decenas de personas bajo una mezcla de ladrillos, acero y láminas de zinc. A pesar del esfuerzo incesante de más de 300 rescatistas locales y brigadas de apoyo provenientes de Puerto Rico e Israel, no se han encontrado sobrevivientes desde las 3:00 p.m. del mismo día. La esperanza de hallar con vida a más víctimas prácticamente se ha desvanecido.
Con el avance de las labores de rescate, el número de muertos ha ido en aumento, generando una profunda conmoción en el país. El director del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Juan Manuel Méndez, fue el encargado de actualizar la dolorosa cifra a 113 fallecidos, confirmando también que se está trabajando en la identificación de los cuerpos y que se espera un informe del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) sobre sus nacionalidades.
Entre las víctimas de esta tragedia se encuentran figuras emblemáticas del país. Rubby Pérez, la leyenda del merengue que amenizaba la noche, murió en el lugar del desastre. Su presencia fue clave para reunir a cientos de fanáticos en el sitio. Además, se confirmó el fallecimiento del exbeisbolista de Grandes Ligas Octavio Dotel, recordado por su paso por más de una decena de equipos de la MLB, y de Tony Blanco, exjugador de los Nationals y leyenda en Japón. La gobernadora de Montecristi, Nelsy Cruz, también perdió la vida en el siniestro.
Desde el aire, el hueco dejado por el desplome evidencia la magnitud del colapso. La discoteca Jet Set, que fue fundada en 1973 y era considerada un ícono del entretenimiento dominicano, tenía capacidad para más de 1.000 personas. A pesar de que no se ha precisado el número exacto de asistentes esa noche, se sabe que había al menos 267 reservas confirmadas, algunas de ellas con grupos de hasta 10 personas.
Las escenas fuera del local y en los hospitales han sido de dolor y desesperación. Decenas de familiares permanecen en las afueras esperando noticias de sus seres queridos. Las autoridades han habilitado bancos de sangre y centros de atención para dar respuesta a la magnitud del desastre. El presidente Luis Abinader visitó personalmente la zona afectada y decretó tres días de duelo nacional.
La muerte de Rubby Pérez ha sido especialmente dolorosa para el país. Su legado en la música tropical dominicana es inmenso, y su partida bajo estas circunstancias ha conmovido a fanáticos y colegas por igual. Según familiares, Rubby fue encontrado aún con el micrófono entre las manos, lo que refleja su entrega hasta el último segundo.
Los fallecimientos de figuras como Dotel, Blanco y Cruz también han sacudido a sus respectivas comunidades. Octavio Dotel había trabajado recientemente en proyectos deportivos con jóvenes dominicanos, y Nelsy Cruz era una figura política muy querida en su provincia. Sus nombres se suman a una lista que sigue creciendo a medida que los rescatistas continúan su trabajo.
Las causas exactas del colapso aún no han sido determinadas, pero ya se han abierto investigaciones sobre el estado estructural del edificio. La presión aumenta sobre las autoridades locales, pues muchos se preguntan cómo una discoteca con tantos años de trayectoria pudo venirse abajo de forma tan repentina.
Esta catástrofe no solo enluta a la República Dominicana, sino que deja una advertencia urgente sobre la importancia de la supervisión en infraestructuras de gran concurrencia. A medida que el país enfrenta el dolor de sus pérdidas, crece el clamor por justicia, respuestas y medidas que eviten que una tragedia de esta magnitud vuelva a repetirse.


