Es sábado 24 de junio de 2023. Me he levantado temprano, aunque no más de lo habitualmente acostumbrado.
Siento que mi cuerpo ha reposado, después de soportar durante todo el día anterior, el rigor de una rinitis alérgica que hace meses me viene maltratando.
Hasta el calor un poco ha bajado, por una ligera lluvia que el ambiente ha refrescado. Las altas temperaturas que hemos sufrido en la costa los últimos días, son como preludio del fenómeno del niño que se viene mostrando; tal vez, para que nos vayamos acostumbrando.
Pero algo en mi mente me amaneció perturbando; y es que me acosté con la impresión desagradable que me dejó el discurso del presidente Petro en París, por la forma como lo estuvo expresando.
Se refería a la marcha de la oposición, que reciente y multitudinariamente se estuvo manifestando, para hacerle entender que la mayoría de la población, no está de acuerdo con algunas políticas de su gobierno del cambio, que en gran medida a la economía del país, y en consecuencia a los mismos trabajadores que, aparenta defender, pueden terminar afectando.
Con actitud prepotente y arrogante, de manera despectiva y degradante, anda buscando reconocimiento por todas partes; desprestigiando hasta a los mismos que en el congreso, tratan de complacerlo y agradarle, tratando de sustentar algunas ideas, con las que puede terminar de embarrar al país, por no poder lavarle.
He defendido algunas de sus propuestas estratégicas, que me parecen importantes, como la ambiental, en pos de la futura vida asegurar, pero no comparto las tácticas conque, en su afán de un cambio simultáneo y paz total, todas sus estrategias se tengan que desarrollar.
Es que, en ese propósito desesperado, hasta operaciones maquiavélicas, que no haya deseado, podrían haberse gestado.
Señalar a los manifestantes, como si fueran solo de la clase media y alta; por no verlos sucios y de overol marchar, es algo reprochable de un presidente que fue elegido ” democráticamente”, para a todos los colombianos gobernar, y procurar el bienestar general.
Es importante, al señor presidente hacerle reflexionar, que las clases sociales que vio marchar, solo eran la media y medioalta, porque, la “verdaderamente alta”, andan y viven en otro lugar.
Los que realmente vio desfilar, son los que mueven la economía nacional, procurando las mejores rentas, para con sus impuestos, el presupuesto alimentar; los que el gobierno formalmente puede utilizar, si realmente el progreso en nuestro país quiere desarrollar.
Entre esos marchantes iban: pequeños y
medianos comerciantes, el tendero y el del restaurante. El vendedor de chuzos, perros calientes, hamburguesas, y servicios ambulantes .
El del taller de mecánica en bordillos, que repara los vehículos de los transportadores, taxis, mototaxis y hasta bicitaxis. No eran marchantes de bolsillo.
También había padres de familia, y pensionados con bajos ingresos; que tienen que compartir su pensión con alguna trabajadora doméstica, a quienes tienen que cumplir con el rigor del régimen tributario y laboral, tratados como si fueran empresarios, para poderlos utilizar.
En ese universo marchante, también puede encontrar, considerables elementos de la economía que, tal vez los analíticos del Dane, fácilmente no le pueden cuantificar, como si cuantifica a los desempleados, que si están vivos, es porque otros marchantes, los tienen que sostener o alimentar.
Es que todos iban limpios y mejor vestidos,
aunque muchos limpios del bolsillo, como limpias sus intenciones al protestar.
Entonces ya está bueno que el presidente deje de tanto palabrear, y agarre la sarten del gobierno por donde no se queme, ni nos haga quemar. Ya es demasiada retórica filosófica, con la que acostumbra a extraños e incautos descrestar.
Es que, no tiene porqué estar buscando adeptos por remotos lugares, dirigiéndose a jóvenes que tal vez no conocen la historia en sus propio lares, y por supuesto, menos las goteras de nuestros hogares, ni que tanto para evacuar nuestros problemas, son los canales.
En cada intervención, no puede dejar de alimentar la cizaña que genera más división, aumentando la polarización y la confrontación.
A veces pone en duda su intelectualidad y calidad de economista que se dice ser; si solo estudiando en sus fundamentos el “ciclo de la economía”, los elementos y factores necesarios
para el progreso de un pais, fácilmente se pueden entender.
Una cosa es la filosofía, que la causa de todo propende hacer saber, y otra es la economía, que necesita de auténticos tecnócratas, que sus intringulis técnicos pueden resolver.
No es justamente la “Economía política de Niquitin”, la que los problemas sociales puede ayudar a componer, que como en otros países, al contrario se han incrementado, y su fin no parece tener.
Esos que salieron a marchar como oposición, son los que saben “cómo le entra el agua al coco”, de los negocios, y también como se le puede sacar, para calmar la sed de nuestra nación.
Algunos dicen que la necesidad expectante, de los pobres, es la que alimenta la esperanza, que delegan a los socialistas, y que cuyos líderes, se las devuelven como promesas fáciles de resolver, aparentando gestionarlas, para
indefinidamente mantenerse en el poder.
Un nivel importante de pobreza, al parecer, es la estrategia de los gobiernos socialistas, para poderse sostener.
No es es pecado ser rico, ni virtud alguna el ser pobre, escribió Coney Mendez, una metafísica venezolana, y creo que es verdad.
El problema es amasar la riqueza, o el capital y no dejarlo circular, para que invertido en buenos negocios pueda generar más rentas, que reinvertidas en nuevos proyectos; muchos más se puedan emplear.
No es compartiendo y expandiendo la pobreza como está sucediendo en otros lares, donde por actitud egoísta y egocentrista, se consumieron los ajenos capitales, y la miseria quedó campando y emigrando con su gente a otros lugares.
Basta ya de tanta demagogia filosófica, como si apenas aspirara a gobernar. El presidente de los colombianos ” democraticamente fue elegido, y
con diez meses de gobierno, ya es hora de que resultados claves de bienestar, empiece a mostrar.
Celebro las intenciones que tiene sobre la Guajira, para asegurar la vida y su dignidad; como también, el de la educación nacional con gratuidad, y el desarrollo del campo, que son necesidades básicas de nuestra sociedad.
Pero, que no se pierda el esfuerzo viendo después dónde una mayor masa de técnicos y profesionales se podrán emplear; porque, esos pequeños y medianos empresarios; que el presidente tendenciosa y temerariamente, como inconsecuentes ha querido señalar, posiblemente, por su negligencia, con sus bienes y servicios, ya no se pudiera contar.
El presidente Petro debe ser más consciente del alcance de los proyectos que se propone, para poderlos asegurar. Debe construir sobre lo bueno que se haya construido, corrigiendo sus defectos, para las cosas mejorar.
Empezar de cero para el cambio total, es casi
una utopía, en la que no habrían suficientes recursos para poderlo sufragar.
Yo creía que, el cambio en principio, era referido y dirigido principalmente a la corrupción y la evasión; cuyos recursos salvados, iban a ser suficiente para mejorar la salud y la educación.
Nuestro pais se encuentra en gran medida atribulado, por el temor y desasosiego, que producen las actuales circunstancias, sociopoliticas, y económicas del estado.
Lo anterior y falta de sobriedad, sumados a la galopante inseguridad, que vive actualmente nuestra sociedad, están haciendo perder al señor presidente, su cordura y popularidad.


