Cada Navidad, Mi burrito sabanero resuena como uno de los villancicos más icónicos de América Latina. Su “tuki, tuki, tuki” ha traspasado generaciones desde su creación en 1972 por el maestro venezolano Hugo Blanco, quien buscaba una voz infantil para interpretar el tema. Esa voz, que logró imprimir una dulzura inigualable a la canción, pertenece a Ricardo Cuenci, quien entonces tenía apenas ocho años.

Cuenci, parte del Coro Infantil de Venezuela, llegó a la grabación de manera inesperada. Según recordó en una entrevista, su participación fue fortuita, pues el niño originalmente elegido no logró dar con el tono que buscaban los productores. Su falta de pronunciación perfecta de la “s” llevó a que dijera “tabanero” en lugar de “sabanero”, pero el maestro Blanco decidió mantenerlo así. Esa pequeña imperfección no impidió que el villancico se convirtiera en un clásico, impulsado por el grupo La Rondallita, integrado por Cuenci y otros niños del coro.

Sin embargo, el brillo de la fama no duró para Cuenci. A pesar del éxito de la canción, nunca recibió regalías ni reconocimiento financiero por su contribución, debido a una disputa entre su padre y el compositor Hugo Blanco. Ricardo intentó continuar en la música, pero su carrera quedó truncada, y su vida dio un giro drástico: estuvo en prisión acusado de hurto y, al salir, trabajó en saneamiento de tuberías y herrería para sostener a su familia.
Hoy, a sus 55 años, Cuenci enfrenta nuevos desafíos. Recientemente, denunció que su casa fue robada y desvalijada, lo que lo ha dejado en una situación crítica. En un intento por salir adelante, se ha abierto una cuenta en GoFundMe con el objetivo de recaudar cinco mil dólares. En su entrevista más reciente, expresó: “Quisiera que se hiciera justicia conmigo porque tengo gente detrás que me necesita. Soy el niño del burrito sabanero, y mi historia también merece ser escuchada”.
Mientras Mi burrito sabanero sigue alegrando hogares, la vida de su intérprete original refleja una realidad mucho más compleja, un contraste que invita a reflexionar sobre el reconocimiento y el apoyo a quienes han dejado huellas imborrables en la cultura musical.

