En Colombia, ni siquiera las tragedias detienen las peleas políticas. El fallecimiento de Miguel Uribe Turbay, a los 39 años, conmueve al país, pero no frena la confrontación que se vive todos los días, sobre todo en redes sociales. En X, por ejemplo, el expresidente Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos vuelven a mostrar sus diferencias con mensajes que evidencian que las heridas políticas siguen abiertas y que el odio entre bandos no desaparece, ni siquiera en momentos como este.
Pero dentro del Capitolio Nacional la escena es distinta. El Salón Elíptico, donde hoy reposa el féretro de Miguel Uribe cubierto con la bandera de Colombia y custodiado por soldados del Batallón Guardia Presidencial, vuelve a convertirse en un lugar de homenaje y despedida. No es la primera vez que este edificio, símbolo de la política nacional, se convierte en el punto de encuentro para rendir tributo a figuras que han marcado la historia y que se han ido antes de tiempo.
Aquí mismo, en 1991, el país despidió a la periodista Diana Turbay, madre de Miguel Uribe, víctima del cartel de Pablo Escobar. También han pasado por estas mismas paredes las despedidas del expresidente Julio César Turbay y de Nydia Quintero, sus abuelos. Cada una de esas ceremonias dejó una huella profunda en la memoria nacional y en la historia del Capitolio, que no solo guarda debates y leyes, sino también momentos de dolor compartido.

Hoy, en este mismo espacio, las diferencias políticas quedan en pausa. Políticos de distintas corrientes se acercan, se detienen frente al ataúd y hacen un gesto breve de respeto. No hay discursos encendidos ni reproches, solo un silencio compartido. Afuera, las redes sociales siguen siendo el escenario de la confrontación; adentro, el ambiente es sereno, marcado por las flores blancas y los pasos lentos de quienes llegan a despedirse.
La cámara ardiente permanece abierta hasta el mediodía del miércoles, cuando el cuerpo será trasladado a la Catedral Primada para las exequias. El Capitolio, que ha visto pasar algunas de las despedidas más dolorosas de la política colombiana, suma hoy otra página a esa historia silenciosa que se escribe entre sus muros.


