La ciudad de Minneapolis quedó marcada este miércoles por una nueva tragedia. Dos niños, de 8 y 10 años, perdieron la vida y otras 17 personas resultaron heridas cuando un hombre armado abrió fuego dentro de la iglesia de la escuela católica de la Anunciación, durante la misa matutina. El recinto, que inauguraba su primera semana de clases con cerca de 400 menores matriculados, se convirtió en escenario del horror.
El atacante fue identificado como Robin Westman, un joven que portaba un arsenal adquirido legalmente: un rifle de alto poder, una escopeta y una pistola de nueve milímetros. De acuerdo con Brian O’Hara, jefe de la policía de Minneapolis, Robin Westman llegó al lugar alrededor de las 8:30 de la mañana y disparó contra la ventana del templo, repleto de niños. “Es pura crueldad y cobardía disparar contra una iglesia llena de niños, es simplemente incomprensible”, señaló el oficial al revelar detalles del caso.

Pese a la magnitud del ataque, las primeras indagaciones apuntan a que Robin Westman no contaba con un amplio historial delictivo ni formaba parte de alguna organización criminal conocida. Las autoridades, que aún investigan los posibles vínculos con la institución, creen que actuó solo. Lo que sí han dejado claro es que su motivación estaba teñida de odio.
Antes del tiroteo, Robin Westman publicó en YouTube una serie de videos que ya fueron retirados por orden policial. En ellos exhibía sus armas y cargadores, decorados con mensajes extremistas, antisemitas, supremacistas y de incitación a la violencia. Una de las inscripciones decía: “¿Dónde está ahora tu jodido Dios?”, mientras que otra rezaba: “Para los niños”. Entre sus referencias también exaltaba a autores de masacres anteriores, lo que refleja su fijación con este tipo de crímenes.
En total, Robin Westman contaba con siete cargadores para el rifle de alto poder y tres para el arma corta. El hallazgo de estas evidencias confirma que la masacre fue planeada con antelación y no un acto impulsivo.
La dimensión del caso también alcanzó al ámbito político. La agencia AP reveló que el tirador era sobrino de Bob Helenringer, excongresista local por Kentucky. El político, visiblemente consternado, aseguró tener años sin contacto con él. “Deseo que me hubiera matado a mí en lugar de a esos niños inocentes”, expresó en declaraciones telefónicas a periodistas.
Mientras Minneapolis intenta asimilar la tragedia, la investigación continúa centrada en descifrar el trasfondo ideológico y personal de Robin Westman, cuyo nombre ya queda ligado a uno de los episodios más dolorosos en la historia reciente de la ciudad.


