La nueva edición de Barranquilla Cómo Vamos, realizada este lunes 22 de septiembre en la Universidad del Norte, no solo presentó indicadores de calidad de vida de la ciudad en 2023 y 2024, sino que también abrió un espacio de reflexión en torno a la seguridad. El invitado especial fue el docente, investigador y doctor en seguridad internacional Laniel Melamed, quien abordó la situación de Barranquilla desde una perspectiva que la conecta directamente con los retos de seguridad en toda Colombia.
Melamed señaló que la seguridad en el país es un asunto de “vieja data”, siempre presente en la agenda social y política. Explicó que cuando se habla de seguridad urbana, especialmente en capitales y ciudades portuarias como Barranquilla, es inevitable ligarla con la seguridad nacional. En ese sentido, destacó el aumento de la presencia de grupos armados organizados en zonas rurales, así como de estructuras delincuenciales en áreas urbanas, lo que se suma al crecimiento de la siembra de coca y su impacto en los mercados internacionales de droga.
El experto recordó que, a lo largo de las últimas décadas, Colombia ha acumulado cerca de 24 acuerdos o tratados de paz con diversos grupos armados. Sin embargo, afirmó que estos procesos no han derivado en un fortalecimiento institucional suficiente ni en una reducción significativa de la violencia y la criminalidad. Según Melamed, las respuestas del Estado han oscilado entre dos caminos: la confrontación directa con las organizaciones criminales o la negociación a través de marcos normativos que permitan el tránsito hacia la legalidad.
Actualmente, explicó, el gobierno nacional ha abierto la posibilidad de entablar mesas de diálogo jurídico con estructuras criminales en lo urbano, una decisión que, en su criterio, genera un escenario complejo, especialmente en un periodo preelectoral. Para Melamed, la elección entre confrontar o negociar conlleva implicaciones no solo en la seguridad, sino también en el ámbito político y electoral.
En lo que respecta a Barranquilla, Melamed subrayó que la ciudad es un punto estratégico del Caribe colombiano por su condición de capital y puerto. Allí, los homicidios se han convertido en uno de los indicadores más preocupantes, al estar ligados a disputas entre estructuras criminales que buscan controlar economías ilícitas y corredores estratégicos de la región.
Otro aspecto crítico es la extorsión, problemática que, según el investigador, no puede verse únicamente como un fenómeno local. “Son preocupaciones también nacionales”, dijo, al resaltar que la expansión operativa y financiera de grupos armados en lo rural y bandas delincuenciales en lo urbano tienen un efecto directo en ciudades clave como Barranquilla.
Melamed cerró su intervención insistiendo en que la seguridad ciudadana y la seguridad nacional no pueden analizarse por separado. “Son economías complementarias que traducen y ponen desafíos en el ámbito local a las autoridades, pero que también requieren el acompañamiento de las capacidades del nivel central para enfrentarlos”, puntualizó, dejando claro que la solución debe construirse de manera articulada entre lo local y lo nacional.


