Las reacciones en América Latina no se hicieron esperar tras los bombardeos ejecutados por Estados Unidos en Venezuela y el anuncio de la captura del presidente Nicolás Maduro, un hecho que ha generado una fuerte división política en la región.
En Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva convocó a una reunión de emergencia con su equipo de gobierno para analizar la situación y fijó una postura crítica frente a la intervención militar. El mandatario advirtió que atacar a un país en flagrante violación del derecho internacional abre la puerta a un escenario de violencia, caos e inestabilidad global.
“Atacar países es el primer paso hacia un mundo donde la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo”, expresó Lula, quien reiteró que la condena al uso de la fuerza es coherente con la posición histórica de Brasil en escenarios de conflicto internacional. A su juicio, la acción de Estados Unidos “recuerda los peores momentos de la injerencia en la política de América Latina y el Caribe” y pone en riesgo la región como zona de paz.
El presidente brasileño también hizo un llamado a la comunidad internacional y a las Naciones Unidas para que respondan de manera firme ante lo ocurrido, al tiempo que reafirmó la disposición de Brasil a promover el diálogo y la cooperación como vías para resolver la crisis.
En contraste, desde Argentina, el presidente Javier Milei utilizó la red social X para respaldar abiertamente la acción militar estadounidense. Fiel a su estilo, celebró la ofensiva con un mensaje en el que afirmó: “La libertad avanza. Viva la libertad, carajo”, alineándose con la postura de Washington frente al gobierno venezolano.
Las posiciones encontradas de ambos mandatarios reflejan la profunda fractura regional frente a lo sucedido en Venezuela, un país cuya crisis política y social ha provocado, desde 2013, la migración de millones de personas hacia distintos países de América Latina.
Mientras algunos líderes alertan sobre el riesgo de una mayor desestabilización regional y defienden el respeto a la soberanía, otros consideran la intervención como un punto de quiebre frente al régimen venezolano. Analistas advierten que este nuevo episodio podría acentuar la polarización política en la región y profundizar las tensiones diplomáticas en el continente.


