Un tanto cansado de observar las absurdeces de la política, en el afán de los diferentes partidos para a sus respectivos candidatos a la presidencia y vicepresidencia de Colombia posicionar; como en mi “cuento metafórico” anterior pude comentar, se siguen mostrando ahora con mayor furor las expresiones artísticas del carnaval electoral en su recta final.
Unos disfrazados se burlan de otros, sobre la expresión de la personalidad, o de los atuendos que los candidatos suelen llevar, considerando las semejanzas que con algo diferente u otros personajes de la farándula poder asociar, con el objeto de ridiculizar.
Al Dr. Iván Cepeda, quien aparentemente puntea las encuestas, las que por resultados tendenciosos o sospechosos de las encuestadoras,- al parecer amañadas en su metodología estadística, han perdido credibilidad-; debido a su expresión facial, especialmente cuando frunce el seño, con la cabeza hacia abajo, y mirada exorbitada hacia arriba, lo asocian con Satanás, y hasta lo visualizan -por acercamiento con la candela guerrillera-, danzando en la comparsa de los diablos arlequines que soplan fuego por la boca cuando les toca desfilar. También lo asocian con el estudiante desaplicado, que en los exámenes saca una hojita para las respuestas copiar.
En segundo lugar, al Dr. Abelardo de la Espriella, quien aparentemente eligió el tigre como su imágen principal, aunque de tigre físicamente no tenga nada, lo comparan por su parecido, más bien con un Cantinflas mejor aliñado, antes de que su ropa se le llegara a ripiar. Otros dicen que se quiere disfrazar de Bukele, por su parecido real, para con su estilo, como en el Salvador, acabar con la inseguridad y procurar la prosperidad.
Al parecer Abelardo es de los más criticado, no solamente por su donaire de abogado sagaz y mejor educado,- aunque otro candidato bien rezagado, al que las matemáticas nuevamente le han fallado-, como fantoche y atarban lo ha califacado, no solamente porque, con ningún partido tradicional se ha querido alinear, sino por su estilo de felino fino, que muestra las garras para corregir el rumbo de la nación hacia un mejor bienestar.
En éste caso se puede observar la falta de sentido común y sentido de humor por la idiosincrasia regional, la que muchos de sus detractores de otros lugares, sobre los costeños se les hace difícil interpretar y entonces critican sus expresiones para poderlo de desprestigiar.
En tercer lugar, Paloma Valencia, quien por su apellido y nieta de Guillermo León, aquel expresidente de la nación, que tenia la cacería de patos como afición; funge como una “paloma de la paz”, protegiendo con sus alas a todos los que con ella se quieran arropar, mostrándose como una ave maternal de un selectivo corral, donde la están acorralado además, otras aves de rapiña y carroñeras que de su aparente e inocente benevolencia se quieren aprovechar.
También hay un viejo zorro que sí sabe como a las aves desplumar, y que como buen sigiloso y calculador disfrazado de progresista, en cualquier momento puede asaltar y desbaratar el corral agitando el palomar.
En cuanto a las, o los vicepresidentes, no hay mucho que destacar. La vicepresidenta del candidato puntero no tiene necesidad de disfraz y podría actuar de manera original con su atuendo ancestral.
El vicepresidente de Abelardo realmente no tiene actitudes histriónicas, por su exceso de seriedad y formalidad, y porque tampoco sabe bailar; aunque por su pronuncida nariz, con pinocho lo pudieran asociar, pero no tiene antecedentes que lo señalen como faltón a la verdad.
El vicepresidente de Paloma sí es un caso divertido y muy especial. Brinca salta y hasta como una culeca gallina guinea de cenizo plumaje, que cacarea se distingue en el corral, donde a la misma Paloma, sin respetarla como la matrona trata de desplumar, y que por el manejo de diferentes colores en su identidad y libre expresión de la personalidad, orgulloso se pasea disfrazado de voceador de prensa por cualquier lugar.
Hay otros personajes en estos carnavales y que en las encuestas se muestran como menos populares, aunque ya tienen experiencia administrando otros bazares, en diferentes ciudades, seguramente se verán desfilar, bailando detrás de los “arlequines del carnaval” con sus disfraces de modestos intelectuales para descrestar.
La Política es el arte de gobernar y en el arte solo el estilo marca la diferencia para que un artista entre otros se pueda destacar; pero entre los diferentes estilos que en los candidatos hemos observado, solo los juiciosos jurados identificarán, al que a través de los escrutinios democráticos sobresalga por su aceptación general, y sea entonces el ganador del “Congo Grande del Carnaval Electoral”.
Por
José R. Múnera Navarro.


