Hace 42 años , en la fiesta del 20 de enero, en Sincelejo, varias tribunas de la corraleja principal colapsaron, enlutando al país por la muerte de más de 500 personas.
El análisis de causalidad con posterioridad, no mostraría nada nuevo, que un juicioso análisis de riesgo previo, habría tenido que mostrar.
La solución para que esto no se repitiera, no necesariamente tendría que haber acabado con una cultura ancestral; sino de identificar los peligros que los asistentes a éstos eventos, en estos escenarios pudieran enfrentar.
Si una cosa se puede aseverar, es que todos los actos, acciones y condiciones, llevan
implícitos algún nivel de riesgo, y lo que se pretende en un juicioso análisis técnico, es identificarlos y valorarlos; para con base en la probabilidad de su ocurrencia, establecer planes preventivos y correctivos, para evitar que se manifiesten.
No es botando el sofá donde se detectó la infidelidad, que el cacho se acabará.
Tampoco es fácil legislar de manera tajante sobre algo con sello cultural y raíces fuertes de interés comunitario, que tiene implícitos aspectos socioeconómicos y hasta medioambientales.
El éxito de la seguridad, no está tanto en los controles posteriores, como en la prevención.
Cuando se realiza un análisis de riesgo, se tienen en cuenta experiencias propias y ajenas, para capitalizar la probabilidad, y de
paso evitar la respuesta popular y absurda que generalmente tienen los responsables:” ésto es una tradición y llevamos muchos años haciendo lo mismo, y nunca nos había pasado”.
Con la vida de las personas no se juega, y mucho menos si es ajena.
Ya es hora de que éstos circos de palos viejos y laminas de zinc oxidadas, deban ser cambiados por estructuras y elementos de construcción más resistentes, que sean probados y certificados previamente, como se hacen con los palcos del carnaval.
Los análisis de riesgos deben ser diligenciados por gente profesional competente, quedar documentados y ser revisados por las autoridades encargadas de otorgar la licencia y autorización para la ejecución del proyecto. También deben ser
conservados para alguna investigación posterior, si es necesario.
La resistencia del sistema estructural de los palcos debe ser calculada con fundamentos de ingeniería y su diseño registrado en planos técnicos inteligibles.
No en vano se cambió el nombre del Sistema de atención de desastres, que literalmente invitaba actuar ante la manifestación de los siniestros, por el actual de “Sistema de gestión y prevención del riesgo”, que institucionalmente tiene representaciones a nivel nacional, regional y local.
Hay que averiguar qué nivel de participación han tenido las instituciones correspondiente en El Espinal Tolima, donde en otra corraleja fallaron 8 de los 44 palcos, con un saldo de cuatro fallecidos y 352 heridos, con motivo de la festividades de San Pedro.
Un juicioso análisis técnico del riesgo, es el que permite elaborar un adecuado plan de contingencias y emergencias.
El plan de emergencia a cargo del empresario u organizadores, debe contener también en su componente administrativo, la responsabilidad civil asegurada, por los daños que tanto los asistentes al espectáculo, como los protagonistas del mismo puedan sufrir en un siniestro.
Los accidentes tienen causas inmediatas referidas a las condiciones de seguridad locativas, y los actos de las personas; pero también causas básicas, que generalmente son administrativas, donde se apoya la responsabilidad principal y se controla de raíz.
La seguridad depende de todos, por lo que no es válida la justificación de alguna autoridad pertinente, al no intervenir ante un peligro visible e inminente, por no haber sido invitada formalmente.
Es lamentable que al mismo perro, lo capen dos veces. Los proyectos que ponen en juego la seguridad de la gente, deben ser diseñados y ejecutados por personas más inteligentes.
Por
José R.Múnera N..


