En entrevista exclusiva, con Extranoticias ,el médico toxicólogo Agustín Guerrero advirtió sobre el aumento de intoxicaciones durante la temporada de fin de año, asociadas al consumo de alimentos, bebidas alcohólicas y al uso de juegos pirotécnicos, un riesgo que suele pasar desapercibido. “Esta es una época donde se exacerban y se presentan situaciones de intoxicaciones, particularmente con juegos pirotécnicos, alcohol y alimentos”, señaló.
El especialista hizo énfasis en dos peligros frecuentes: la adulteración del licor y la toxicidad de ciertos artefactos pirotécnicos. Sobre el primero, explicó que el uso de metanol —conocido como alcohol de madera— representa un alto riesgo para la salud. “Es una sustancia que no siempre mata a la persona, pero puede dejar secuelas muy desgastadoras, como la ceguera de por vida”, advirtió.
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista fue la explicación sobre el fósforo blanco, un componente presente en algunos juegos pirotécnicos de uso común. Guerrero precisó que no toda la pólvora tiene el mismo nivel de riesgo, pero sí aquella que contiene esta sustancia, presente en artefactos como “totes, diablitos y triqui traquis”, los cuales representan un peligro significativo, especialmente para los menores de edad.
“El fósforo blanco tiene una dosis mortal de un miligramo por kilo de peso”, explicó el médico, indicando que un solo artefacto puede contener entre 20 y 80 miligramos. “Un niño menor de cinco años, que no pese más de 20 kilos, con solo consumir la cuarta parte de uno de estos productos puede comprometer su vida”, alertó.
A esto se suma que estos artefactos tienen un sabor atractivo para los niños, lo que incrementa el riesgo de intoxicación. “Después de manipularlos, se lamen los dedos o el papel que los contiene, y de esa forma terminan intoxicados”, indicó. Además, subrayó que este tipo de intoxicación no tiene antídoto, por lo que la atención médica oportuna resulta fundamental.
Guerrero explicó que la intoxicación por fósforo blanco se desarrolla por etapas clínicas. En la primera aparecen síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea, fácilmente confundibles con una gastroenteritis común. Luego sigue una fase asintomática que puede generar una falsa sensación de mejoría. “Posteriormente, el fósforo compromete el hígado y otros órganos, el paciente entra en insuficiencia hepática y, en algunos casos, se requieren trasplantes para salvar la vida”, concluyó, reiterando el llamado a extremar precauciones y evitar el uso de pólvora durante las festividades.


