El 7 de agosto de 2022, Gustavo Petro asumió como presidente de Colombia en una ceremonia que rompió con varios elementos de la tradición reciente. La Plaza de Bolívar se llenó de ciudadanos, llegaron jefes de Estado y delegaciones internacionales, Francia Márquez tomó posesión como vicepresidenta y una espada de Simón Bolívar terminó convirtiéndose en el gran símbolo de aquella jornada.
Cuatro años antes de que Colombia vuelva a vivir este 7 de agosto un cambio de Gobierno, vale la pena recordar cómo fue aquella jornada de 2022, cuando Gustavo Petro llegó a la Presidencia de la República y protagonizó una de las posesiones más particulares de la historia reciente del país.
Petro llegó a la Plaza de Bolívar de Bogotá para convertirse oficialmente en el jefe de Estado, después de haber ganado las elecciones presidenciales de ese año. Su llegada representaba un hecho político inédito: era el primer presidente de izquierda en la historia contemporánea de Colombia y encabezaba un proyecto que había prometido transformar buena parte de las políticas tradicionales del país.
Desde las primeras horas del día, el centro de Bogotá comenzó a recibir ciudadanos. La jornada no estuvo limitada al acto protocolario. Según EL PAÍS, alrededor de la Plaza de Bolívar se programaron cerca de 70 actos culturales con aproximadamente 1.000 artistas, entre músicos, comparsas, grafiteros y representantes de diferentes regiones.
La programación incluyó expresiones de música y cultura popular, mientras que en diferentes lugares del centro histórico se instalaron pantallas para que los ciudadanos pudieran seguir la ceremonia. La posesión buscaba tener, además del componente institucional, un carácter de celebración popular.
Petro llegó acompañado de su esposa, Verónica Alcocer, y de sus hijos. Según la reconstrucción publicada por El Universal, el entonces presidente electo recorrió el camino hacia la tarima por un pasillo decorado con 32 silletas que representaban las banderas de los departamentos de Colombia.
Otro de los momentos cargados de simbolismo ocurrió cuando recibió la banda presidencial. La encargada de imponerla fue la entonces senadora María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro Leongómez, antiguo comandante del M-19 y candidato presidencial asesinado en 1990.
El momento tenía una particular importancia por la propia historia de Petro, quien perteneció al M-19 durante su juventud antes de la desmovilización de esa organización.
Pero el episodio que terminó marcando aquella posesión ocurrió después del juramento presidencial.
Petro pidió que llevaran hasta la Plaza de Bolívar la espada de Simón Bolívar, uno de los objetos históricos más representativos de Colombia. El presidente saliente, Iván Duque, había decidido que la pieza no fuera trasladada al lugar de la ceremonia por razones relacionadas con la seguridad y la protección del objeto, según informó Caracol Radio.
Ya como presidente, Petro dio la orden de llevarla.
El presidente del Senado, Roy Barreras, dispuso un receso mientras la espada llegaba a la Plaza de Bolívar. Finalmente, el objeto apareció dentro de una urna y fue colocado cerca del nuevo mandatario.
La escena tuvo una enorme carga simbólica. La espada había sido robada en 1974 por integrantes del M-19 de la Quinta de Bolívar, en Bogotá, en uno de los episodios más conocidos de la historia de esa organización guerrillera. Después de la desmovilización del M-19, el objeto fue devuelto al Estado.
Por eso, su presencia durante la posesión de un antiguo integrante de esa organización adquirió un significado especial.
Petro se refirió directamente a la espada durante su discurso y manifestó su deseo de que fuera considerada la espada del pueblo. También dijo que quería que volviera a acompañar las futuras posesiones presidenciales y que solamente fuera envainada cuando hubiera justicia en Colombia, según quedó registrado por la Presidencia de la República.
El discurso: “hoy empieza nuestra segunda oportunidad”
Ya investido como presidente, Petro pronunció un discurso que estuvo marcado por la idea de cambio y por la promesa de construir una Colombia diferente.
Una de las expresiones centrales de su intervención fue la idea de que el país estaba ante una “segunda oportunidad”. El mandatario habló de superar las divisiones y de construir un país más justo, con mayores oportunidades y capaz de enfrentar problemas históricos como la violencia y la desigualdad.
La Presidencia de la República presentó aquella intervención como un “decálogo de gobierno y compromisos”. La paz ocupó uno de los lugares centrales de su discurso.
Petro prometió trabajar por una “paz verdadera y definitiva”, cumplir el Acuerdo de Paz firmado con las extintas FARC y seguir las recomendaciones de la Comisión de la Verdad. También presentó su administración como un “Gobierno de la Vida” y un “Gobierno de la Paz”.
El hambre fue otro de los asuntos centrales. El nuevo presidente habló de soberanía alimentaria y sostuvo que Colombia tenía la capacidad de producir sus propios alimentos. Su planteamiento fue llevar al país hacia una situación en la que el hambre llegara a cero.
También dedicó una parte importante de su intervención al medioambiente. Habló de combatir la deforestación, proteger los bosques, los mares y los ríos y avanzar hacia energías limpias y renovables. En esa misma línea, defendió la necesidad de que Colombia asumiera un papel activo frente al cambio climático y en la protección de la Amazonía.
En materia internacional, Petro planteó una política exterior que buscara superar las divisiones ideológicas y fortalecer la cooperación entre los países de América Latina. También habló de ampliar las relaciones con regiones como África y el mundo árabe.
El discurso, en general, estuvo construido alrededor de una idea: la llegada de un Gobierno que pretendía representar un cambio frente a la política tradicional colombiana.
Los invitados internacionales y una ceremonia con fuerte presencia extranjera
La posesión también tuvo una importante presencia internacional.
Según la lista difundida por Caracol Radio, entre los mandatarios invitados estuvieron Gabriel Boric, de Chile; Pedro Castillo, de Perú; Guillermo Lasso, de Ecuador; Mario Abdo Benítez, de Paraguay; Luis Arce, de Bolivia; Alberto Fernández, de Argentina; Laurentino Cortizo, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; Xiomara Castro, de Honduras, y Rodrigo Chaves, de Costa Rica.
También estuvo presente el rey Felipe VI de España.
México estuvo representado por Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, mientras que El Salvador envió al vicepresidente Félix Ulloa. El Tiempo informó que cerca de 60 delegaciones internacionales acompañaron el cambio de mando.
La presencia del rey Felipe VI también produjo uno de los episodios que posteriormente generaron discusión. Durante el paso de la espada de Bolívar, el monarca español permaneció sentado, una decisión que fue ampliamente comentada en medios y redes sociales. EL PAÍS registró posteriormente la polémica alrededor de ese momento.
Mientras tanto, en la Plaza de Bolívar miles de personas seguían la ceremonia. El Universal describió una plaza abarrotada de ciudadanos, banderas de Colombia, pancartas y símbolos relacionados con Petro y Francia Márquez.
La nueva vicepresidenta también protagonizó un momento histórico. Petro le tomó juramento a Francia Márquez, quien se convirtió en la primera mujer afrodescendiente en llegar a la Vicepresidencia de Colombia. Su presencia junto al nuevo mandatario representaba uno de los símbolos políticos más importantes de aquella jornada.
Y la celebración no terminó con el acto protocolario.
Después de la posesión, en la Casa de Nariño, la nueva primera dama, Verónica Alcocer, protagonizó uno de los momentos más comentados de la jornada al bailar al ritmo de un porro interpretado por la Banda 19 de Marzo de Laguneta, agrupación de Sucre. El Colombiano registró las imágenes y explicó que el baile ocurrió después de la ceremonia oficial.
La precisión es importante: no fue Gustavo Petro quien protagonizó ese baile durante la posesión. El momento que quedó registrado fue el de Alcocer, ya después del acto protocolario.
Así terminó una jornada que tuvo música, cultura, política, símbolos históricos y una fuerte presencia ciudadana e internacional.
La posesión de Gustavo Petro quedó marcada, sobre todo, por las imágenes que la acompañaron: una multitud en la Plaza de Bolívar, Francia Márquez convirtiéndose en vicepresidenta, María José Pizarro colocando la banda presidencial y, por encima de todo, la espada de Simón Bolívar entrando nuevamente a una ceremonia de posesión presidencial.


