Diego Holguín es un polifacético artista enamorado del vidrio y gracias a ese encanto por dicho material montó una exposición en el centro comercial Buenavista de Barranquilla que ha tenido una gran acogida.
Su exposición llamada Bosques de Cristal consiste en la elaboración de árboles de colores que quedan plasmados en cristales planos y transparentes, utilizando capas de resina naturales.
Este maestro, graduado con tesis laureada en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, que dice ser “soledeño valluno”, porque nació en el departamento del Valle, pero echó raíces hace 19 años en el municipio de Soledad, Atlántico, por su exigente y delicado trabajo se ha cortado las manos incontables veces y por algún descuido se le ha quebrado más de una de sus frágiles obras.
La muestra, que estará abierta al público hasta el 14 de abril en el centro comercial Buenavista I, es en homenaje a las efemérides de Barranquilla, por eso en la colección, de 23 obras, están representadas la belleza de árboles como el cañaguate, el roble, palmas de coco, la mata de plátano y el colorido de flores como las acacias, lluvia de oro y trinitarias, entre muchas otras especies.
“Lo que pretendo con este trabajo es sensibilizar a toda la humanidad y relacionar la fragilidad de la naturaleza con el cristal. Porque si nos ponemos a ver toda esa problemática que tenemos con el Fenómeno del Niño, dependemos única y exclusivamente de la naturaleza, del cuidado del medio ambiente. Este es el objetivo primordial de mi obra, y de paso, congratularme con los últimos gobernantes de Barranquilla que se han preocupado por reforestar y tener bella la ciudad con tantos parques”, explicó.
“En la exposición hace parte una serie circular de árboles de la vida. Es la conexión entre lo terrenal y lo espiritual. Son como las tres piezas principales. Esos árboles son muy significativos a nivel mundial: la bonga, la represento con hojas doradas; el arce rojo, que simboliza el amor; y el cerezo rosado, lo efímera que es la vida”, señaló.
Holguín es pensionado del ejército. Cuenta que, en ese tiempo, uno de sus hobbies era pintar paisajes rurales con carboncillos y se los regalaba a las comunidades, pero al cumplir con el servicio militar, terminó con una condición especial: un estrés postraumático.
Cobijarse en el arte, que siempre lo apasionó, fue parte de su proceso para seguir adelante; por eso decidió estudiarlo. “Ha sido mi terapia, mi curación”, dice.
La técnica de pintar sobre el cristal la fue perfeccionando con el tiempo. Explica que son capas que van intervenidas individualmente con resinas naturales que prepara con colorantes en su taller en el barrio Salamanca, de Soledad.


