Cuento
En el acostumbrado café, después de tantas tertulias descrestando sobre algunas cosas y despotricando de otras al azar, sobre la conducta humana y sus efectos, nos pusimos a conversar.
Se acabó el mundial que muchos técnicos y comentaristas deportivos callejeros inéditos nos permitió por la redes observar, de esos que ni una caldereta en su vida pudieron patear y ahora se atreven a insinuar y hasta recomendar que al técnico Lorenzo de la Selección Colombia hay que cambiar.
También se termina el ciclo de un gobierno que, sin pena ni gloria al país antes que gobernar se dedicó a desarmar, multiplicando las diferencias entre la sociedad, a través de otra gama de comunicadores sociales bodegueros fungiendo de periodistas, en un afán de desinformar, para objetivos consecuentes con una ideología prepago alentar, alimentando más bien el interés personal de cada cual.
—¿Y ahora qué vamos hacer ante el panorama que nos ofrece el nuevo presidente? —pregunta el más viejo de los pensionados, poniendo a pensar a los demás, con actitud aparentemente de inocente y preocupado.
—Tomémonos el acostumbrado café y pensemos con optimismo, pero con fe, en las cosas buenas que podrían suceder —invita José.
Entonces como siempre interviene Mateo, metiendo en la llaga de la conversación su desconfiado dedo, y nos dice:
—Lo veo y no lo creo que, después de viejo se hayan vuelto tan pendejos.
—¿Pero qué es la fe? —le pregunta Songo a Borondongo, mirando un tanto atribulado a Bernabé.
—La fe es la seguridad, la confianza profunda y la creencia en algo o alguien sin necesidad de ver —se adelanta Buchilanga en responder.
—Este mismo tema lo estuvimos tocando hace cuatro años pensando en una mescolanza de partidos que como un “pacto” las diferencias ideológicas se iban a superar, pero fue peor el remedio que la enfermedad, y que ahora como “fe de ratas” los errores cometidos como ajenos nos quieren hacer creer en vez de excusar.
La “fe de erratas” es una lista o nota añadida a un documento o libro publicado, que señala los errores de imprenta o faltas de ortografía mostrando la manera como se corregiría.
En cambio:
“Fe de ratas” es la expresión atrevida que, como analogía se me ocurre inventar para nombrar los errores que algunos políticos reconocen como tal y que aparentan corregir o más bien sustentar, como si fueran ajenos a su voluntad.
La vida nos da sorpresas y sorpresas nos da la política; como la que acabamos de observar en el acercamiento entre el presidente Petro y el expresidente Uribe para tal vez acuerdos favorables en el Congreso lograr, que tarde o temprano a ambos en algo especial les pudiera beneficiar.
Todo tiene su final y nada dura para siempre como Héctor Lavoe lo dice en su cantar.
En política como en la naturaleza muchas cosas se transforman, y como la materia, no es que desaparezcan sino que de estado pueden cambiar.
Hasta el comportamiento entre los animales se ha modificado. Ya perdió vigencia aquella expresión: “se pelean como perros y gatos”, porque ahora los mencionados animales se ven en cualquier casa bien domesticados disfrutando momentos gratos.
Hoy en día tampoco los gatos matan ratones y se pueden ver jugando con un queso por los callejones y rincones.
Entonces, del tigre como felino mayor, no puedo dejar de pensar en su aparente agresividad, por aquello de que “el tigre no es como lo pintan” y entonces las formas de sus rayas, tarde o temprano es posible que también pudieran cambiar.
—De todas maneras tengamos fe —interviene José con el último sorbo de su café, tratando de cerrar el tema porque ya eran las 12:00 y habían empezado desde las 10:00.
—¿Pero qué es la fe? —insiste Mateo, metiendo sobre las llagas ahora los dedos de los pies.
Y entonces Pablo le corrobora diciéndole:
—La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Es confiar en que existe un Dios y que todo lo que nos ha ofrecido, seguro que ha de suceder.
Entonces tengamos fe, con la esperanza de que el mandato del Ser Superior el tigre pueda entender y obedecer.
Ahora cerremos la reunión y dejemos de tanto joder.
Por:
José R. Múnera Navarro


