La abogada y ambientalista María Correa Vásquez demandó de las autoridades ambientales tomar acciones urgentes para obligar a la empresa Argos a parar el caos urbanístico y vial en la zona norte de Barranquilla, Vía 40 y Ciénaga de Mallorquín.
También le preguntó a la Triple A cuáles son los planes para garantizar el servicio de agua a los habitantes de los proyectos que se construyen.
La especialista del Derecho y quien fue una de las primeras lideresas que advirtió que tras la Ciénaga de Mallorquín venía un desarrollo urbanístico descomunal y sin planeación dijo que “como barranquillera, ambientalista y residente desde niña del barrio Las Flores, declaro que una de mis mayores pesadumbres diarias es la forma progresiva en que se ha ido devastando el bosque seco tropical”.
Agregó que “Allí, el Grupo Argos, aliado a 11 empresas constructoras, adelanta el proyecto Ciudad Mallorquín, que abarca unas 80 hectáreas con una inversión en urbanismo de 165 mil millones de pesos y de 2,2 billones de pesos en la construcción de torres de apartamentos multiestratos. Lo que se produce en esa zona es quizá el daño ambiental más grande de todos los tiempos en el área metropolitana de Barranquilla, en jurisdicción de Puerto Colombia. El Grupo Argos, que durante años explotó esas tierras como canteras en la extracción y producción de materiales de construcción, decidió mercantilizar esos suelos”.
Indicó que “Existen unos daños de carácter irreversibles por una profunda devastación al ecosistema, ya han levantado torres, vías internas y ya es imposible de corregir. Nosotros aspiramos que la autoridad ambiental asuma su función como tal así como los correctivos que se deben implementar para que esta obra no continue en las dimensiones que se ha propuesto”.
Explicó que la obra está proyectada para 16 mil viviendas. “Debemos frenar esas construcciones, que Argos pare la construcción y se pueda recuperar al menos el 50 por ciento del ecosistema sería ya un logro gigante. Hay una serie de responsabilidades que son compartidas. En este tema no solo se debe involucrar la Alcaldía de Puerto Colombia, sino la de Barranquilla, el Área Metropolitana y la Corporación Autónoma del Atlántico”, dijo la líder social.
Enfatizó que ese bosque seco tropical es un maravilloso ecosistema de jagüeyes, aves y una gran variedad de animales terrestres que está siendo arrasado con las palancas de la maquinaria amarilla que han barrido la flora y fauna.
“Tal devastación ecológica parece que no ha encontrado ninguna resistencia en las autoridades, ni en los grupos ambientalistas de la sociedad civil que, pese a sus esfuerzos aislados, se observan abrumados e impotentes. Tampoco en las universidades y sus grupos de académicos especialistas en los temas de cambio climático. El silencio predomina”, indicó.
Enfatizó que “pese a esto, creemos que es necesario convocar a quienes estamos convencidos de que defender la vida y preservar el planeta pasan por resguardar la naturaleza. En una ciudad como Barranquilla y su área metropolitana, que tiene espacios verdes tan precarios y pobres y unas temperaturas ambiente cada vez más altas, no podemos seguir permitiendo que los proyectos inmobiliarios de gran envergadura perjudiquen gravemente los pocos pulmones que nos quedan”.
Por último, indicó que: “Es hora de parar esta depredación con enérgicas movilizaciones ciudadanas sintonizadas con la protección del agua, de lo verde, del oxígeno, que hace parte de las prioridades de la agenda y del Plan de Desarrollo del gobierno Petro”.


