La líder social de 78 años Nancy Naar Jaramillo conocida como ‘Mamá Nancy’, se encuentra en el Hospital de Sabanalarga en coma inducido y pronóstico reservado.
Así lo confirmó su sobrino Martín Naar, quien señaló que la mujer alegre y conversadora sufrió de una isquemia cerebral por lo que tuvieron que inducir el estado comatoso.
Nancy Naar Jaramillo se caracteriza por el amor con el que trabajaba en la Gobernación del Atlántico por los demás. Creó ‘La línea de ternura’, una iniciativa que fue destacada como ejemplo nacional por el impacto que tuvo en comunidades vulnerables.
A través de una línea telefónica, Naar fue –durante más de tres décadas– la “consejera” de quien lo necesitara. Nunca dudó en tenderle la mano a poblaciones vulnerables, presos, habitantes de calle, trabajadoras sexuales, miembros de la comunidad LGTBIQ+, jóvenes o adultos mayores.
Por esta razón, en 2011 el jurado del Premio Nacional de los Derechos Humanos le otorgó la máxima distinción en la categoría de persona natural.
En su momento, en el acta del jurado se indicó que la decisión fue tomada “tras observar que la labor de la señora Nancy es significativa y trascendente en la comunidad atlanticense y bien merecería el apoyo gubernamental de las autoridades locales, regional y nacionales”.
Asimismo, en 2017 la Secretaría de la Mujer y Equidad de Género de la Gobernación del Atlántico le otorgó un reconocimiento por la labor social que desarrolló durante tantos años.
Recicladores, habitantes de calle, prostitutas, y personas marginadas por la sociedad cuya condición misma les impedían ser beneficiarios de programas sociales gubernamentales, se convirtieron en 1978 en el principal motor de vida de Nancy, y su bienestar y reintegración social, su propósito. Ellos fueron testigos de la gran capacidad humana de Nancy, quien se despojó de miedos, vergüenzas, comodidades y privilegios, para servirles. Fue de ellos que recibió lo que hoy, para ella y para gran parte de los barranquilleros, es su nombre.
«No me acuerdo cuando ni tampoco puedo decir con certeza quién me lo dijo ‘Mamá Nancy’ por primera vez, lo que sí te digo es que cuando me dijeron así me alegré, me gustó. Siento que me lo dijo una persona que necesitaba que yo lo escuchara», aseguró hace varios años.
En 1983, siendo trabajadora en la Gobernación del Atlántico, las visitas esporádicas a la cárcel se convirtieron en un trabajo diario. Nancy alcanzaba a visitar las cinco cárceles del Atlántico llevando amor, cuidado y, sobre todo, interés por las necesidades de los internos y sus familias.
«Yo trabajaba en la Gobernación y trataba de conseguir proyectos para ellos, por ejemplo, veía que los baños no estaban en buenas condiciones y la Gobernación me apoyaba cambiando las baterías sanitarias. En un momento, quería que las señoras de ellos laboraran porque ellos están encerrados allá sin un peso. Si en este instante uno de sus hijos se cae y se rompe su frentecita, esa mujer está sin un peso y ¿cómo va a llamar a ese hombre para decirle eso y angustiarlo? Por eso se consiguió un proyecto de elaboración de fritos para las esposas de los presos. Eso fue una bendición», relató.
Según Mamá Nancy, además de la herencia de solidaridad de sus antepasados, lo que la mueve a trabajar por los demás es la certeza de que tiene una misión: “servirle a Dios, con la gente, a cambio de nada”.
“Yo esa misión la tengo desde pequeña. Es algo que nació conmigo y fui descubriendo conforme cómo iba creciendo —confesó hace varios años—. Para mí, servir es proteger a los indefensos, pero no pechicharlos, sino tratándolos como personas buenas, porque lo son, y mostrándoles que pueden superarse, que pueden y merecen estar bien”.


