El médico y exfutbolista Fernando Fiorillo, oriundo de Soledad, dejó una huella imborrable en el equipo Junior, en el que siempre mostró sus mejores cualidades.
Expresó que desde muy niño supo lo que quería ser: jugador del equipo Junior y médico de profesión y tumbó todas las barreras para hacer realidad esos dos sueños.
“Un deportista tiene dos etapas en la vida: La primera se refiere a lo que quiere ser, es decir el inicio de lo que sueñas y la segunda etapa es la de retiro. En ambas, es importante ser humilde y respetuoso”, señaló.
Fiorillo desarrolló una vida como deportista y como profesional de manera exitosa. Como jugador, desempeñó una importante labor que lo destacó y que ganó el reconocimiento de todos y como médico tuvo una formación amplia ya que desde hace 42 años es docente universitario en varias instituciones y estudió una especialización en gerencia de administración de salud que le ha permitido ocupar el cargo de subgerente científico del Hospital de Galapa.
El exatacante contó cómo inició su pasión por el fútbol, el cual siempre fue de la mano con la medicina: “Mi pasión nació a los 5 años, cuando jugaba en Pony. Mi amor por el fútbol iba siempre de la mano de la primaria y el bachillerato. Desde niño siempre soñé con ser médico. Ese amor a la pelota y a la medicina fue simultáneo. Soy muy fácil para el aprendizaje; en primaria y en bachillerato estuve en el primer lugar y eso me facilitó el ingreso a la universidad. La universidad libre me dio una beca para estudiar y para integrar su equipo de fútbol”.
Así mismo, Fiorillo contó cómo fueron sus inicios en Junior en el año 1976, justo cuando inició la primera época dorada del club tiburón, al mando de José Varacka.
En ese entonces aún estudiaba en la universidad, pero después de tres años se vio obligado a tomar una decisión: “Llego después de estar en la selección atlántico juvenil y mayores. Carlos Peña fue uno de los que más se interesó en que yo llegara a Junior. El técnico era Varacka, que siempre ponderó la preparación física. Arrancaba mi actividad desde temprano para ir a la universidad, y de ahí al entrenamiento. Mis compañeros de universidad grababan las clases de la tarde, y en las noches las escuchaba. Así hice 5 semestres. Ya en sexto semestre no pude continuar porque debía hacer mis prácticas. En ese momento tomé una decisión: la universidad me podía esperar, pero el fútbol no. Apenas terminara mi carrera de futbolista, seguiría mi carrera de medicina y sí fue”.
Fernando también habló acerca de sus cualidades y su exitoso ciclo en Junior, en el que compartió con muy buenos jugadores y lograron dos títulos: “Ahora mismo, es lo que llaman media punta. Yo jugué en los tres puntos de la delantera: puntero izquierdo, puntero derecho y centro delantero. Gané los campeonatos 77 y 80, y fui subcampeón en el 81 y el 83. En junior me aparecen 45 goles, pero tengo mucho más. Con Medellín tengo más de 80 goles, en algún momento era volante de armado y en otro centro delantero. En el momento en que estuvimos en Junior, era muy difícil para el jugador colombiano ser titular, porque había mucho extranjero”.
Mención aparte recibió Jorge Solari, a quien Fernando definió como el mejor técnico que tuvo en su carrera deportiva: “El indio Solari fue el mejor técnico que yo tuve. Manejaba al equipo de manera extraordinaria. Era una persona correcta e intachable, y estas son cualidades que debe tener un verdadero líder”.
Por otro lado, el ex futbolista soledeño recordó su salida del conjunto barranquillero luego de no llegar a un acuerdo con las directivas, una situación que el consideró injusta por los tratos que recibían los jugadores colombianos con respecto a los extranjeros: “Antes era muy duro arreglar el contrato. En el año 82 me fui para Medellín porque no estuve de acuerdo con que se pusieran a mis compañeros como en una subasta pública. Yo dije que, si no me daban lo que estaba solicitando, pues me iría. Mi corazón está con Junior, pero la vida del deportista es muy corta y debía aprovechar las oportunidades”.
Fernando Fiorillo reconoció la labor de Julio Comesaña, con quien compartió equipo y logró el primer título del tiburón: “Julio es mi gran amigo. Lo quiero, lo estimo mucho, tuve la oportunidad de jugar con él. Es una persona extraordinaria, que vive el partido y muy buen trabajador”.
Ya en su etapa como médico, Fiorillo manifiesta que su profesión debe tener un reconocimiento no sólo en situaciones como la que se presenta en este momento, sino a cada momento por la labor que cumple en la sociedad: “Los dirigentes políticos no le dan al médico el sitial que se merece. Los médicos siempre vamos a estar en riesgo: ahora se ha visibilizado más por la pandemia del Covid, pero el médico siempre está expuesto a todo. Aquí no se ha ponderado realmente el valor de los médicos. En todas las cuestiones de los gobiernos falta más conciencia. Todos sabemos la corrupción que hay aquí: hay dinero para el sector salud, pero la ley 100 nos mató a todos. Los médicos tienen derecho a que su trabajo se reconozca y tengan una vida digna”.


