Que tiempos aquellos, es una expresión que aún se puede escuchar de los viejos con recuerdos bellos.

¿Que tiempos son éstos? se preguntan los mismos viejos sorprendidos por lo nuevo que en el carnaval se ha impuesto.
Aún veo las ardillas caminar por las cuerdas flojas y tensionadas del cableado del alumbrado, para disponer de los mangos y almendras, que por otros viejos fueron sembrados.
También las he visto electrocutarse en la enredadera de cables que han contactado.
De la misma manera veo las cosas del carnaval, donde los mismos viejos parecemos desadaptados.
Salimos y pretendemos con el mismo entusiasmo del pasado de los ancestros heredados; pero nos encontramos con un marasmo de situaciones y condiciones, para las que aún no nos hemos acostumbrado.
Es que todo ha evolucionado y los viejos parecemos sacos de harina de costados, que solo para limpiar objetos pudieran ser utilizados; aunque antes fuera la tela con la mejor fibra, con la que mejores disfraces fueran elaborados.
El vestido de cumbiambero incluyendo sus cotizas y el de las indias para en mediopasos ser elaborados.
En la careta de la marimonda, que primero como funda de almohada fuera utilizada; hasta que apareciera el satin que con sus brillos y atractivos colores, a los de tonos mates teñidos, los nuevos obtenidos en procesos técnicos de impresión y tejidos, a los de harina reemplazara.
La luz del sol permitía en el día apreciar mejor los disfraces con su esplendor. La luz de la luna ayudaba a ocultar cualquier defecto, como en efecto los que no se notan cuando entre las sombras se disfruta del amor.
La luna barranquillera lo sabía, y que conste que era de toda la región, donde inclusive todavía no había llegado la luz en ” calabacitos alumbradores”, como señal de civilización.
Entonces los bailadores nocturnos disfrutaban sus respectivos ritmos bajo la luz de la velas o con un encerado mechón.
Añorando esos recuerdos y con la influencia de lo observado en alguna otra región; a Estercita Forero, la novia de Barranquilla se le ocurrió agregar como preámbulo del carnaval, “la noche de guacherna” iluminada con velas dentro de un farol.
Pero no le fué fácil que la idea fuera inmediatamente aceptada por la entonces correspondiente organización, aunque después de varios intentos por fin lo logró.
Estas celebraciones en sus orígenes al parecer evocan los jolgorios nocturnos, que antes de las fiestas patronales y en diferentes lugares, se disfrutaban bebiendo ron, danzando, y a ritmo de tambores la obtención de buenas cosechas celebrando.
La guacherna toma su nombre en Barranquilla referido al “guache”; pero no al villano, atarbán o
badulaque, sino al instrumento de percusión que acompaña al gripo de millo. Antes también servía para llamar a bailar a los vecinos del barrio abajo, con velas y mechones, por falta de alumbrado.
La guacherna ha cambiado.
Hoy se exige mayor luz y los faroles son menos observados. Ya poco se escuchan los ritmos de millo y tambo’ que disfrutaran nuestros antepapados; ahora son ruidos eléctricos extravagantes, con melodías que dejan los oídos maltratados.
Son grupos de danzantes con poca coreografía, como en un desorden organizado sin armonía; excepto unos pocos como el grupo de verde en la reciente guacherna donde bailaban algunas amistades mía.
Este año la organización incluyó como ingrediente principal, un homenaje a Pedro Ramaya Beltrán, indiscutible ícono ejemplar, que
con buen picante y color, tradicionalmente ha condimentado nuestro carnaval; sinembargo fueron pocos, sus colegas del millo a los que se les escuchara sus reconocidos temas interpretar.
Curiosa y paradogicamente, el personaje que identifica el alma e idiosincrasia del caribeño como lo es Joselito Carnaval, que éste año decidió mostrarse en vida y celebrar, para no solamente aparecer el martes y solo lo tengan que llorar, le dieron permiso para que desfilara, pero entre los últimos; cuando ya Telecaribe cerrara la transmisión por su canal.
Joselito se dispuso a participar en el primer tranvía que tuvo Barranquilla, decorado como un gran farol donde iban además su cochero, acompañando a Estercita Forero , y elementos alegóricos a la cumbia, que como condición se exigía.
Hasta el caballo “Chovengo,” ejemplar de una de las composiciones de Pedro Ramaya, iba arreado, jalonando la carroza que con esfuerzo
mancomunado, un grupo de promotores de cultura fue preparada, y que muchos del público no pidieron observar por culpa de la misma organización de la presente carnavalada.
En el carnaval de estos tiempos se necesita más dinero para los recursos necesarios comprar y poderse disfrazar; más aún si en una comparsa con carroza se quiera participar; por eso en los últimos tiempos había que acudir al patrocinio de alguna empresa que pudiera ayudar.
Sinembargo en éstas fiestas al parecer no era posible con publicidad de empresas desfilar, aunque las de Olímpica y Ara entre otras más, no pudieron faltar. Por eso es que el carnaval popular, el pobre lo tiene que rescatar para poderlo disfrutar.
En una esquina famosa, un barranquillero embriagado de alcohol a alguien que invisiblemente le hacía compañía, le decía :
“Me importa un carajo que al carnaval de
Barranquilla lo hayan declarado “patrimonio oral e inmaterial de la humanidad”, porque para mí ese reconocimiento no me sirve pa’ na’, mientras yo no lo pueda disfruta’
Porque ese carnaval realmente no es para toda Barranquilla, y yo mejor disfruto el de Puerto Colombia o Santo Tomás, aunque aquí mismo en el de suroccidente, cosas más interesantes se pueden observar”.
Otro viejo tuerto y libre de cualquier ilusión, se entrometió en su conversación y le dijo:
” cuando yo era joven, simpatico, bonito y bello, libre e indocumentado; con mi completa visión los mejores carnavales me he gozando; pero ahora, para lo que ver me ha tocado, con un solo ojo me ha alcanzado “.
Realmente fué una “guacherna sin igual”; pero realmente porque, aunque con algunos interesantes destellos, ya no se parece a la original.


