Por Gary Martínez Gordon
Escrito en 1944 por el fundador de la Universidad del Atlántico, Julio Enrique Blanco, “Hacia una Barranquilla Alejandrina”, es un sueño vivaz de la imponencia de Barranquilla, como ciudad fenicia en claro tránsito hacia una de corte alejandrino, esto es, no sólo comercial, sino que cultivaba las artes, la cultura y el conocimiento, emulando la ciudad que fundara el gran Alejandro Magno a orillas del Nilo.
En su análisis, resalta el padre fundador, que contaba nuestra ciudad con una posición geográfica mucho más óptima que su par, pues, no sólo era fluvial, sino marítima a la vez, transoceánica también por su proximidad al Canal de Panamá, abierta moralmente por el carácter pacífico de sus fundadores. Concluye Julio Enrique Blanco, que, si Alejandría era hegemón del Mediterráneo, ¿por qué no podría serlo Barranquilla del Caribe y de la América entera?
El Colegio de Barranquilla, el Colegio de Señoritas, la Escuela de Bellas Artes, la Escuela de Comercio y el Instituto de Tecnología (germen fundacional de la Universidad del Atlántico) eran las instituciones que en criterio de Blanco marcaban el rumbo hacia una ciudad cultivadora de las artes, la ciencia y el conocimiento: la virtud en el sentido griego de la expresión.
¿Fue acaso el azar político lo que vaticinó Julio Enrique Blanco como freno a este desarrollo integral de nuestra ciudad?
¿En qué estado se encuentra hoy en términos de integralidad cultural, científica y conocimiento?
¿Qué incidencia tiene en la creciente e insoportable violencia que nos azota nuestro retraso en términos culturales?
Reflexiones de éste tipo ameritan ventilarse en la ciudad por todos los sectores.
En nuestro anterior artículo, planteamos la necesidad de articular al sector productivo con el sector académico, como motor de desarrollo económico, pero este no puede estar separado del desarrollo cultural e intelectual de sus habitantes, una ciudad no puede prosperar básicamente desde lo económico sin que se cultive en su población el intelecto y el más alto sentido de las culturas y las artes.
El crecimiento inmobiliario en el norte de la ciudad impacta positiva y estéticamente nuestros sentidos, sin embargo, la deficiencia de empleabilidad formal afecta gran parte de la población en edad laboral, que es el sustrato de la felicidad y bienestar de los hogares.
Así las cosas, el sueño de Julio Enrique Blanco, fundador de la Universidad del Atlántico, de impulsar a Barranquilla hacia una ciudad Alejandrina, sigue siendo una asignatura pendiente, pues, lejos de ser epicentro cultural, las ciencias y las artes, de constituirnos en faro cultural del país, hemos sido relegados por otras ciudades en estas materias.
Vale la pena reflexionar acerca de estas perspectivas, bien podrían emplearse los centros de eventos, bonitos por demás, y espacios de generación del turismo, como el Malecón del Río, para hacer un corredor de festivales que integren las músicas y el folclor de todo el Caribe, un Festival Caribeño de Artes y Cultura, que reivindique a nuestros artistas y sonidos en un encuentro que avance en una nueva mirada hacia el mundo.
El desarrollo económico y cultural de nuestra ciudad demanda de una relación cordial entre los gremios del sector productivo, el Academo (Coley, 2023, p. 10), los gobiernos locales y nacional, pues, es éste último quien cuenta con los recursos suficientes para catalizar las inversiones que demandan estas aspiraciones.
Barranquilla como ciudad Alejandrina es un ideal que vale la pena abanderar y luchar por su materialización próxima.


