Uno puede no estar de acuerdo con alguien políticamente, pero descansar en saber quién es, qué ama y qué defiende. Eso da paz.
La Constitución de 1991 nos entregó una República edificada sobre la dignidad humana, la libertad, el respeto por las diferencias y el equilibrio de poderes. Ningún gobernante debería estar por encima de esos principios; su deber es protegerlos.
Antes que programas de gobierno, ideologías o estrategias electorales, lo que termina guiando la vida de una persona son sus convicciones más profundas.
Nadie vive por encima de sus valores. Tarde o temprano todos terminamos pareciéndonos a aquello que amamos.
La Biblia dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”.
Creo que esa verdad aplica también para quienes aspiran a dirigir una nación.
No estoy hablando de perfección. Ningún ser humano la tiene. Hablo de coherencia. De la tranquilidad que produce ver a una persona amar sinceramente a su familia. Honrar a su esposa. Cuidar a sus hijos. Defender aquello en lo que cree. Mantener una línea de vida reconocible incluso cuando eso le cueste popularidad.
John Maxwell escribió que los líderes no lideran con lo que dicen, sino con lo que son. Y la historia demuestra que las naciones terminan pareciéndose a los valores de quienes las conducen. Por eso, hoy no quiero invitarte solamente a votar.Quiero invitarte a reflexionar. Mira más allá de los discursos, de los eslóganes, de las campañas. Pregúntate qué valores defienden quienes pretenden dirigir el país. Pregúntate qué entienden por familia, por dignidad, por libertad. Qué lugar ocupa la fe en su visión de la vida.
Después de responder esas preguntas, vota en conciencia.Vota de acuerdo con tus principios. Vota de acuerdo con aquello que quieres heredarles a tus hijos.
Las elecciones pasan. Los gobiernos cambian. Los partidos vienen y van.
Pero los valores permanecen. Y cuando una sociedad pierde sus valores, comienza a perder mucho más que una elección.Comienza a perder su alma.
Mi oración para Colombia no es que gane un candidato o que pierda otro. Mi oración es que gane la familia, la libertad, la esperanza, el respeto. Que gane el amor por nuestra casa grande llamada Colombia.
El voto es una decisión. Y las decisiones, al final, cuentan quiénes somos.
Que Dios ilumine nuestras decisiones. Que nos conceda la sabiduría de elegir con la profundidad de nuestros valores.
Que Dios bendiga a Colombia. Bendiciones #DesdeElAlma



