Las universidades están trabajando de manera ardua porque le apuestan a buscar soluciones a los problemas de salud mental en los jóvenes estudiantes.
Así lo señaló Teresa González, coordinadora del programa de Desarrollo Psicosocial de la Universidad Autónoma del Caribe, psicóloga clínica y miembro del Consejo de Salud Mental Distrital.
El pronunciamiento de la psicóloga se da un día después de que Jesús Daniel Quiroz Rambao, mayor de edad, oriundo del municipio de Suan y quien cursaba tercer semestre de Licenciatura en Educación Física de la Corporación Universitaria Latinoamericana (CUL) decidió lanzarse del octavo piso del bloque 12 de la Universidad de la Costa.
“En la Universidad Autónoma del Caribe, llevamos cinco años trabajando en un programa de salud mental, no enfocados solamente a prevenir el suicidio sino a darles a nuestros estudiantes herramientas para una comunicación asertiva y para que conozcan los primeros auxilios psicológicos de tal manera que las personas sean de cualquier estrato o grupo social sepan cómo van a reaccionar esas personas con pensamientos suicidas”, explicó Teresa González.
Al explicar por qué se presentan los suicidios, la psicóloga clínica los explicó. “No solo ha sido la postpandemia la que generó muchísimos estados de ánimos alterados, sino que estamos frente a una generación mal llamada de cristal, muy vulnerable en el que padre y madre se sienten culpables por no estar todo el tiempo con los hijos y se volvieron muy flexibles porque no les exigen mucho tratando de compensar esa falta de la estadía física con la flexibilidad en las normas. Los hijos sienten que están solos, pero también sienten que no deben ponerse límites porque no se lo están colocando. A lo anterior se suma los factores económicos, el mal manejo de las redes sociales y la presión que reciben de los amigos y de esas redes”.
Agregó que: “Los padres deben apoyar a sus hijos a tomar decisiones sanas a través del fomento de las habilidades para la vida y que también tengan tolerancia a la frustración. El no lograr algo no los hace inútiles, sino que son oportunidades de tener ese logro”.
La experta señaló que sí hay señales para detectar si un niño o un joven tiene problemas depresivos. “Hay niños y jóvenes que dejan de comer o empiezan a comer de manera excesiva, y hay quienes dejan de dormir o duermen mucho. También hay quienes deciden permanecer aislados. “Cuando no estamos en casa y no incentivamos la comunicación asertiva, la expresión adecuada del afecto y una normatividad clara, no nos vamos a dar cuenta de esos cambios. La comunicación no se gesta en la adolescencia. Desde pequeños es muy importante comunicarnos y eso lo debemos hacer primero nosotros como padres. La comunicación debe estar dirigida a cómo se siente el hijo y comentarle lo que nos ha ocurrido en el día. En ese afán de ampararlo, le creamos una burbuja de cristal y eso es erróneo. Nosotros debemos demostrarle cuáles son nuestros sentimientos y nuestras realidades”.
Indicó que en las consultas en las universidades hay jóvenes que lloran argumentando que saben que sus mamás lo quieren, pero que nunca están con ellos. “Sabemos que necesitamos trabajar para cubrir las necesidades, pero ¿dónde está ese espacio más allá de nuestro cansancio para escuchar a nuestros hijos? Debemos, estar además muy pendientes de los amigos”, dijo Teresa González.


