Junio 7/26
#DesdeElAlma
La libertad de amar a Colombia
Quisieron quitarnos una camiseta y terminaron creando una leyenda. Los junioristas recordamos bien diciembre 19 de 2004: final dramática ante Atlético Nacional, en Medellín, donde por una coincidencia de colores y listas con el rival y la falta de un uniforme alternativo, saltamos a la cancha vestidos de un amarillo inesperado: las camisetas de entrenamiento del día anterior, que aún estaban sucias y sudadas. Eso no nos quitó identidad; se la recordó a todo un pueblo que terminó levantando una estrella.
Y es que cuando intentan arrebatarle a la gente lo que ama con el alma, ocurre lo contrario: lo abraza con más fuerza. Ocurre con la fe, con la familia y con los símbolos de una nación.
Por eso llama tanto la atención la polémica reciente sobre la camiseta de nuestra Selección. Qué tremendo error cometen quienes creen que los principios que amamos, pueden prohibirse o regularse. Los símbolos verdaderos no viven en la sentencia de un juez; viven en los afectos y en la memoria compartida. Al intentar restringirlos, la libertad se valora más y los principios se defienden con mayor convicción. A veces no entendemos cuánto significa algo para nosotros hasta que alguien intenta quitárnoslo. Cuando intentan quitarte algo que significa mucho para ti, descubres lo importante que es y la fuerza que tienes para defenderlo. Porque la historia demuestra que cuando se intenta prohibir un símbolo, no se borra su significado; se multiplica.
Esta camiseta no vota, es verdad. Pero nos evoca los abrazos tras un gol, a nuestros padres frente al televisor y la certeza de que, antes de cualquier diferencia, somos Colombia. Esta camiseta representa a millones que creemos en el trabajo honrado, la libre empresa, la educación y la coherencia.
Como estudioso del derecho constitucional, sé que el respeto a los símbolos es el respeto a las reglas del juego. En el fútbol hay líneas y árbitros; en democracia, el poder tiene límites institucionales. Nuestra Constitución de 1991 nació precisamente para garantizar principios y libertades. Defenderla hoy es defender la estricta división de las ramas del poder y sus contrapesos constitucionales. La armonía no nace de la sumisión, sino del respeto a la ley y sus instituciones. El país no se construye desde las narrativas de odio, sino desde las aulas, el campo y el comercio.
Por eso, el debate nunca fue sobre una camiseta. El fondo, elasunto es este: defender el derecho a amar a Colombia sin pedir permiso, y hacerlo bajo el amparo innegociable de un Estado de Derecho.
Hoy, como padre, mi voto es un legado. Es la herramienta para que mis hijos crezcan amando a Dios, protegiendo a su familia y estudiando en libertad, ojalá en las mejores universidades de Colombia, o el mundo. Mi familia y yo llevaremos la amarilla con orgullo, creyendo firme en los principios que fundaron esta tierra que Dios nos regaló.
Que Dios bendiga a Colombia
¡Bendiciones #DesdeElAlma!


