Se había conseguido romper la saga de Presidentes y Presidentas del Carnaval en Barranquilla. Expresión en charada de un orden republicano que poco habría servido para consolidar la paz como aspiración de “La Civilización”
Eran las cinco de la tarde de aquel jueves del mes de Octubre de 1922 cuando se reunieron en el amplio salón de lectura del Club Barranquilla, Don Ernesto Cortissoz, el Rabino Moisés de Sola, Tirso Schemel, los hermanos Heilbron y otros dirigentes y empresarios para conversar acerca de la organización de las fiestas del Carnaval de 1923.
Me contaba mi padre que desde antes de nacer yo, en tiempos del Rey del Carnaval Don José 1º De la Rosa (El Pobre), al llegar las carnestolendas era corriente escuchar comentar entre los miembros de la Comunidad Sefardita, las propuestas que sus ilustres miembros Don Manuel De La Rosa Presidente del Carnaval y de su Presidenta Ana P de Senior, plantearon en el de 1906.
¿Por qué no echar a un lado las figuras de Presidentes y Presidentas del Carnaval para materializar lo que se predica en Barranquilla acerca de que esta es “La Fiesta de las Mujeres”?
Comúnmente se dice que es en los bailes del carnaval cuando la mujer cubierta con el antifaz adquiere la libertad completa para expresar lo que siente y manifestar lo que desea.
Efectivamente, en el carnaval ellas pueden emplear impunemente la burla y la coquetería.
Connacional de Don Jacob Cortissoz, el Cónsul de los Países Bajos y Rabino de la Comunidad Sefardita Don Moisés De Samuel De Sola y Jessurum, como autoridad religiosa, debió terciar en la argumentación del Clubista para anotar.
Esa es una idea muy cercana a lo que nosotros vivimos en las Fiestas del Purim, que están dedicadas a engrandecer y a dignificar a la Mujer Judía en la persona de La Reina Esther.
Ella, con la ayuda de su Tío Mardoqueo, libró a Israel de las acechanzas del malvado Ministro Amán que intrigaba ante el Rey Persa Ajashwerosh, en contra del Pueblo Elegido por Hashem.
Antes que ella, Judith, Débora y Jael, que son expresión del alma guerrera de Israel, fueron celebradas en su día porque El Todopoderoso se manifestó a través de ellas para librar a nuestro Pueblo de sus enemigos.
Es en la celebración de Esther cuando los hebreos, desde los tiempos de Ajashwerosh, en los días catorce y quince del mes de Adár nos congregamos para recordar la fecha en la que los judíos nos libramos de nuestros enemigos.
Mardoqueo y Esther nos ordenaron hacerlo en la carta que enviaron a las cientoventisiete provincias del Imperio de Ajashwerosh.
Lo leemos en la Meguila de Esther en estos días de fiesta y hacemos ruidos y gritamos insultos cada vez que en la lectura del texto del rollo se menciona el nombre del malvado Amán.
En recordación de Esther, nuestras mujeres visten como Reinas.
Los varones nos vestimos con ropa antigua en recordación de aquellos antepasados que encontraron refugio en Persia.
Nos damos regalos los unos a los otros, de comer al menesteroso y ayudamos a los pobres.
Don Abraham Zacarías pareció salir de las profundas cavilaciones en las que las noticias que escuchaba lo habían ensimismado
Los judíos, desde los tiempos de Mordechai nos hemos comprometido a cumplir con aquellos deberes de caridad y amor con el desvalido.
El Todopoderoso prefiere la TzeDakáh a todos los sacrificios porque ella es un acto de piedad, no de vanidad, no de humillación. Es un gesto de compartir la vida, para restituir en el otro su derecho a vivir dignamente.
Por eso, aquí en Barranquilla, en el año de 1917, en cumplimiento de este mandamiento sagrado, desde nuestra Hermandad en la que su padre de Usted, Don Jacob, también llegó a ostentar el Grado 33, hemos propiciado que nuestras mujeres, esposas, cuñadas, hijas y hermanas organicen una asociación de beneficencia que han llamado “La Estrella de la Caridad”, -Esther Tzedakah-, para que, al igual de cómo lo hace nuestra congregación en cumplimiento de nuestra tradición del Purim, trabajen de consuno con mujeres de todas las razas y creencias por los huérfanos, las madres abandonadas, los ancianos y todo aquel que precise que Él, el Todopoderoso, se manifieste a través de las manos graciosas de sus siervas.
Para conseguir fondos, con motivo de las fiestas de carnaval, ellas organizan bazares, bailes, obras de teatro, verbenas y otras funciones de beneficencia. En la mujer, madre, esposa, hermana o hija, está la respuesta.
Eso es lo que nos enseña la Mequilá de Esther.
Don Ernesto pone en recordación cómo en el año 1918, en consecuencia de aquello se había conseguido romper la saga de Presidentes y Presidentas del Carnaval en Barranquilla. Expresión en charada de un orden republicano que poco habría servido para consolidar la paz como aspiración de “La Civilización”.
Con la ayuda de las mujeres de nuestra Comunidad, con el apoyo de la Logia Siglo XIX y el de la naciente “Estrella de la Caridad”; con el de nuestra poderosa clientela del Banco Mercantil; con la entusiasta colaboración de nuestros distribuidores y consumidores de Cerveza San Nicolás, Águila y Toro Negro y con el respaldo de nuestros abonados del acueducto municipal, pudimos convencer a la Junta de los Clubs ABC, Barranquilla y a la mayoría de los clubistas del Unión, Italiano y Alemán, para que aceptaran la idea de tener una Reina como Esther en el Carnaval que en compañía de su Padre o de su Tío, protegiera a su Pueblo.
Y, en procura, elegimos a Alicia Lafaurie Roncallo como la Reina del Carnaval de Barranquilla cuyo padre, Alejandro Magno Lafaurie, procedente de Santa Marta, financió, a sus expensas, la fiesta de ese año.
Con un nutrido grupo de amigos logistas, correligionarios y socios, organizamos un cuerpo de de guardia que llamamos “Los Mosqueteros Grises” quienes, bajo el nombre de “D’Artagnan De Los Cortijos”, me eligieron su Comandante con la misión de ser los celosos guardianes y protectores de Su Majestad, la Reina, la Esther de esta fiesta barranquillera que en trece días precedió las nuestras del Purim que festejamos el 25 y el 26 de febrero.
¡Viva Alicia 1ª!


