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Los Carnavales del loco 1926 (III)

RedacciónPor: Redacción
21 enero, 2026
Los Carnavales del loco 1926 (III)

Bailarina Extranjera en los Carnavales del Loco 1926

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Mucha piel y poca ropa….

Por: Moisés Pineda Salazar.

Ni siquiera la sequía del Magdalena preocupaba a esta sociedad adormecida por los raudales de Lager, de Whisky Yony Walker, John Haig y de Ron Viejo “La Perla”.

El público no dejaba de asistir a las presentaciones de bailarinas que habían llegado a la Ciudad, cuya sola presencia, el anuncio del nombre de la Compañía de Variedades y el de sus artistas, mujeres por supuesto, llenaban de hombres y de miembros del bello sexo las graderías y la platea del Colombia, o del Teatro Cisneros en donde el periodista Héctor Parias había dado muerte a tiros al Director de La Nación el 25 de Octubre de 1925.

Aquellos espectáculos de vodevil arribaban a Barranquilla y, en continuación de una tradición conocida por todos, debían permanecer a veces hasta por tres meses, a la espera de que el Río Magdalena fuera navegable de tal manera que se hiciera posible subir hasta Honda para, desde allí, viajar en ferrocarril y arribar a la Capital de la República.

Mientras, en el ínterin, en el Teatro Colombia, cuando no en El Cisneros, se escenificaban las cinco o seis versiones del espectáculo de mujeres que danzaban y dialogaban bajo títulos sugestivos y con libretos, a cuál más fuerte y picante.

“In crescendo”, cada vez lo hacían con menos ropas encima, en una mezcla de palabras, y contorsiones poco pudendas, que tenían como único objetivo el de mantener vivo el interés de las damas, la líbido de los señores, al igual que las localidades llenas[1].

La situación era tensa.

El clima político, intranquilo.

Había que poner orden en medio de aquellos festejos que habían sido enlutados por el crimen de la madrugada del 9 de enero en la cárcel de “La 80”, que así se llamaba el reclusorio por el número que ostentaba en su portada en la Calle Obando[2].

Cuando apenas se cocinaba en el caletre de los burócratas el Decreto destinado a imponer el orden y la tranquilidad durante la temporada carnavalera, en los primeros días de enero, recién elegida S. M Doña Olga Iª como reina del carnaval de 1926, “El Diario del Comercio” abrió fuegos en contra de las pretensiones del Alcalde Leonardo Falquez que “quería acabar con los bailes de carnaval”.[3]

Matrimonio del Presidente
Miguel Abadía Méndez

El Decreto aún no era público y ya le tocaba al burgomaestre aclarar los rumores argumentando acerca de la necesidad de evitar que jóvenes y menores de edad se refocilaran con meretrices en sitios públicos, que la jarana perturbara la tranquilidad entre vecinos, que los asesinos y delincuentes tuvieran oportunidad de actuar aprovechándose de la fiesta y que la carnavalada enturbiara, aún más, el ya de por sí tenso, ambiente político en el que los liberales convocaban a sus huestes a abstenerse de participar en una elección en la que solo había un candidato: el conservador Miguel Abadía Méndez, un viudo sesentón que pocos meses después de su elección, desposó a Doña Leonor Velasco, una núbil doncella de solo 19 años de edad. [4]

 

 

¿Qué podía importar aquello a los juerguistas carnavaleros?

Sí.

Esto sí les importaba. Y mucho.

Sobre todo, porque el día de elecciones presidenciales, el 14 de febrero, ¡coincidía con el Domingo de Carnaval!

Sábado de vísperas y Domingo de Carnaval, sin ron, sin disfraces y sin bailes[5].

¡Adiós, Batallas de Flores!

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Promulgada que fue la norma, el mismo sábado 16 de Enero se efectuó el primer baile de máscaras de la temporada en el Club ABC y “con él se dio por inaugurado el reinado de Momo en la ciudad.

Todas las risas, todos los entusiasmos se disponen a hacer de la fiesta una etapa memorable en la vida social de Barranquilla.”[6]

El miércoles 20 de Enero, a la misma hora en la que tocados con chistera y sacoleva el Presidente de la República- Pedro Nel Ospina y la aristocracia local inauguraban en Bucaramanga una estatua del General Santander, igual a la que ya existía en Barranquilla- hasta en los seis botones y los pliegues del chaleco-[7], en esta ciudad se dio inicio al baile del Club ABC.

Esa noche, “a pesar de las  intempestivas interrupciones del servicio de alumbrado eléctrico, el sarao tuvo los contornos de una fastuosa fiesta, realzada por la gracia y la elegancia de las comparsas de “Pierrot Moderno”, de “Las Libélulas” y de “Las Españolas” que caracterizaron, donairosamente grupos de nuestros elementos sociales, poniendo animación y brillantez a los regios salones de baile”[8], en los que las parejas, con un erotismo que hacía fruncir el ceño a las chaperonas, trenzaban sus piernas al ritmo de “Barranquillera”, el tango que vino a ser la primera pieza musical compuesta expresamente en honor de una reina del carnaval en esta ciudad.

Digo que es la primera porque la mencionada e impúdica “Rocío Turco” del año 1924, no pasó de ser una insubstancial cancioncilla que, si de ser justos se trata, mereciera estar entre los primeros jingles comerciales que se hicieron en el mundo junto con “In My Merry Oldsmobile”- de Gus Edwards y Vincent Bryan- de 1920 y el del “Cereal Wheaties“- de 1926– cantada por los Wheaties Quartet[9].

Todos ellos, libélulas, pierrots, colombinas y arlequines, manolas y garzones, en la noche del jueves 21, antes de transcurridas las 24 horas, “por la insólita alegría del carnaval reinante, invadieron   la casa de los jóvenes esposos Arocha, encendiéndose una fiesta de exquisitos relieves sociales”[10].

Y, como si la parranda no fuera suficiente para la muchachada carnavalera, el sábado 23 tuvieron otro baile en el antes dicho Club, en el que “la alegría se prolongó hasta el amanecer del domingo”.

Desde allí, sin solución de continuidad, procedieron a asaltar al día siguiente, lunes 25, la residencia que en el Barrio El Prado tenían los padres de la espiritual señorita Esther Freund quien celebraba su onomástico.

Ni siquiera la sequía del Magdalena preocupaba a esta sociedad adormecida por los raudales de Lager, de Whisky Yony Walker, John Haig y de Ron Viejo “La Perla”.

Era tanta la abulia o la “insólita alegría” que existía entre los barranquilleros por lo que pasara en el mundo, que celebraban que, gracias a aquella desgracia (la de la imposibilidad de remontar el Río) era posible que la Compañía de Revistas de Méndez Folies siguiera presentando su espectáculo de variedades en el “Teatro Colombia” para disfrute de todo aquel que tuviera con qué pagar el boleto hasta abarrotar las nueve mil y más localidades de las que disponía un local que indistintamente, hacía las veces de cinema, teatro, circo y plaza de toros.

Era tal la sequedad del Magdalena que, al decir antioqueño, si continúa como hoy, dentro de diez días “no tendrá agua ni para bañar un gato”[11]

Ni siquiera los conmovía la decisión de los armadores del Río de hacer llegar sus mercaderías a Buenaventura con evidente perjuicio para los importadores locales que vivían de surtir el mercado del interior del país desde Barranquilla.

Por el contrario, ante la acumulación de artistas vinculados a revistas de variedades y compañías operáticas, como lo cantaban “los Generales de la Copla del año sesenta”, los barranquilleros coreaban:

“Viene López, viene Obando,

viene el General Payán.

Vienen tantos Generales,

que hasta los diablos vendrán”.

 

[1] DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 8 de enero de 1926. Barranquilla. “Las Chicas de Méndez son a estas horas la obsesión”. Pág. 2

[2] NIETO IBAÑEZ, José Antonio. DE PARIAS GLEN, Francisco Héctor. Op. Cit

[3] DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 19 de enero de 1926. Barranquilla. La cuadrícula definida como espacio vetado a la jarana popular es el comprendido hoy entre las Carreras 35 y 46 y las Calles 30 y 41.

[4] DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 4 de febrero de 1926.” Candidatura única”. Pág. 3

[5] DECRETO Nº 9 del 13 de enero de 1926. El Alcalde Municipal, en uso de sus facultades legales DECRETA. ARTICULO 1º- Desde el día 16 de este mes, hasta el 16 de Febrero próximo venidero se concede permiso para las diversiones públicas como bailes de disfraces y todo aquello que no pugne con la moral y las buenas costumbres en la forma en que enseguida se expresa: Los jueves desde las cinco de la tarde hasta las doce y cuarto de la noche. Los sábados desde las cinco de la tarde hasta las dos de la mañana del día siguiente y los domingos desde las tres de la tarde hasta la una de la mañana del día siguiente. Los días trece y catorce de febrero, víspera de las elecciones para Presidente de la República, queda totalmente prohibida toda clase de diversión, así como el expendio de licores. PARAGRAFO: Los días lunes y martes de carnaval es por todo el día y la noche. ARTICULO 2º- Quedan terminantemente prohibidos los disfraces que de algún modo puedan aludir a las comunidades religiosas, o a los miembros del culto o a las autoridades civiles o militares o a los sucesos ocurridos en la vida privada de las familias y, en general, todos aquellos actos o acontecimientos públicos, cuya recordación pueda ser origen de rencores o apasionamientos. ARTICULO 3º– Queda terminantemente prohibido el uso de anilinas, pinturas u otras materias colorantes como medios de diversión durante la temporada. ARTICULO 4º– Queda absolutamente prohibido el uso de armas de cualquier clase por parte de los enmascarados y de los particulares en general. El Pabellón Nacional no podrá ser llevado como insignia de danza o disfraces de ninguna clase. El Himno Nacional tampoco podrá ser tocado en esta clase de diversiones. ARTICULO 5º– Todo individuo que desee disfrazarse deberá proveer en la Alcaldía Municipal de una placa metálica con el número de orden que llevará en parte visible. El valor de esta placa, treinta centavos ($0.30) se distribuirá entre las diversas instituciones de caridad existentes en la ciudad. PARAGRAFO- Las personas que inicien o formen danzas, comparecerán a la alcaldía a firmar una diligencia de fianza de paz para con los jefes de estas. ARTICULO 6º– La Policía, en general, procederá a arrestar a los que, estando disfrazados, carezcan de la enumeración correspondiente. ARTÍCULO 7º– En forma terminante se prohíben los bailes, con o sin disfraces, en las cantinas y clubs públicos, situados en la parte central de la ciudad. Se entiende por parte central de la ciudad, la siguiente zona: por el norte la Carrera Líbano, por el sur la Carrera Hospital, por el este la Calle del Recreo, o Avenida Boyacá y por el oeste la Calle de Bolívar.  ARTICULO 8º– El Señor Comandante de Policía Departamental y los Inspectores de Policía Municipal, quedan encargados de que se cumplan estrictamente las disposiciones contenidas en el presente Decreto. Firmado: ANTONIO FALQUEZ. Alcalde”

[6] DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 16 de enero de 1926

[7] DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 20 de enero de 1926. Barranquilla. “Héroe epónimo de un Pueblo”. Pág. . NOTA DEL AUTOR. La estatua ubicada en Barranquilla fue inaugurada en 1922. Sobre la estatua de Bucaramanga, inaugurada en 1926, hay una historia coincidente en cuanto a la ciudad y el artista encargado de modelarla y fundirla. Esto hace pensar que, o bien los bumangueses no estuvieron en París o el Artista fundió, era algo usual, dos y más veces la escultura usando los mismos moldes. Es decir, alguien reportó un viaje que no hizo, o alguien cobró dos veces por un mismo trabajo.

[8] DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 21 de enero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5

[9] ELESTUDIO. “El primer Jingle de la historia”. Publicación de Noviembre 17 de 2019.

[10] DIARIO DEL COMERCIO. Ediciones del 23 de enero y del 2 de Febrero de 1926. Barranquilla. “Vida Diaria”. Pág. 5

[11] DIARIO DEL COMERCIO. Edición del 25 de enero de 1926. Barranquilla.

 

 

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