Por la poca participación del público que llegó a observar a los flagelantes en el municipio de Santo Tomás, Atlántico el pasado viernes, muchos señalan que la tradición comenzó a morir.
Así lo indicó Manuel Pérez Fruto, periodista del mencionado municipio y conocedor de esta tradición que no tiene el reconocimiento de la Iglesia Católica.
Según el comunicador social, hubo años en que llegaban 15 mil y hasta 20 mil personas de toda la región Caribe a observar a los penitentes, pero el viernes pasado solo llegaron unas 2 mil a ver la procesión.
Hay que indicar que el día de la muerte de Cristo es el elegido por los tomasinos para pagar por los favores recibidos en una procesión que emula el viacrucis.
El pasado viernes se flagelaron un total de 26 personas, entre las cuales tres fueron mujeres. “Como periodista tomasino, puedo decir que este año se notó una drástica reducción de público. A las 10 de la mañana no llegaba el personal esperado y de 11 en adelante fueron llegando los visitantes a pesar de que el primer penitente salió a las 8 de la mañana. También se vio que las sillas que se colocan en las afueras de las viviendas por donde pasan los penitentes y que son alquiladas tampoco fueron ocupadas en su totalidad. Las comidas tampoco fueron apetecidas por los visitantes. Las cocineras regalaron almuerzos en vista de que no había compradores”, dijo el periodista tomasino.
Es necesario indicar que esta tradición de autoflagelarse tuvo su origen entre el clero medieval y llegó a América con las órdenes religiosas que estuvieron en nuestro territorio en los siglos XV y XVI. En ese encuentro de tradiciones se asentó la autoflagelación como una forma de pedir y agradecer las plegarias. Esta práctica ha ido desapareciendo alrededor del mundo e incluso ha sido prohibida por el Vaticano desde el siglo XVIII por considerarla pagana.
Ante el rechazo del clero de este evento, los flagelantes de San Tomás fueron prohibidos por el obispo de Barranquilla en 1968. Esta medida, lejos de lograr la desaparición de la costumbre, se convirtió en un detonante de su popularidad.
¿EVENTO TURÍSTICO?
Este aumento en su visibilidad ha traído consigo algunas transformaciones en su carácter piadoso para acercarse más a un evento turístico. Las críticas sobre el consumo de alcohol y el pago por realizar la procesión son unos de los más recurrentes entre la comunidad tomasina.
Sin embargo, este sigue siendo un evento que todavía refleja las tensiones entre las creencias populares y la iglesia católica. Desde finales del siglo XX, la postura del clero ha estado más enfocada en seguir el proceso educativo, aunque toma tiempo, busca divulgar una aproximación más espiritual de la expiación de los pecados y el agradecimiento por los favores recibidos.


