Por Gary Martínez Gordon
El contundente resultado electoral del pasado domingo 8 de Marzo que posiciona al Pacto Histórico como la principal fuerza política del país, al obtener -a la espera de los escrutinios- 25 senadores y 40 representantes a la cámara, en lo que es la mayor votación que un partido haya recibido al Congreso de la República.
Es un claro mensaje del pueblo colombiano en respaldo a las ejecutorias del Gobierno del Presidente Petro que para esta fecha ronda casi el 50% de imagen favorable, a escasos meses de culminar su mandato.
Las aplazadas reformas a la Salud, Justicia, Agraria, entre otras, por cuenta de unas mayorías mezquinas que se oponen a legislar en beneficio de las grandes mayorías, han recibido una bofetada por parte del constituyente primario.
Asistimos, sin duda alguna, a un cambio de época en la cultura política colombiana, en la que el voto era comprado y con él no sólo las consciencias sino el bienestar del pueblo.
Iván Cepeda ha escogido de forma acertada a la senadora Aída Quilcué, lideresa indígena del Cauca, como su fórmula vicepresidencial.
Iván ha entendido el mensaje categórico que las urnas enviaron el pasado domingo, y representa Aída a la Colombia de la periferia que da muestras de tener cada día más vigor, más fuerza y más voz que la que nos han querido arrebatar con exclusión, violencia y odio.
Los pueblos indígenas han padecido durante siglos, la más brutal represión y exterminio a manos de las élites blancas venidas de Europa y de sus sucedáneos herederos criollos convertidos en esclavistas, latifundistas y en amos que se creen dueños eternos de nuestra tierra.
El mensaje de Iván es claro: fin al racismo estructural, fin a la ignominia.
Los indígenas no son un pueblo confinado a los rincones de la selva colombiana, como se nos ha querido inculcar vilmente desde la educación recibida durante décadas, indígena significa Nacido Dentro, que no es otra cosa que volver a nuestras raíces ancestrales.
Volver a nuestras raíces es reconocernos a nosotros mismos como lo que somos: un pueblo multicolor con sangre indígena, negra, blanca y árabe, de eso estamos hechos los colombianos, un pueblo universal.
El rostro de Aída en la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, es el mensaje más hermoso que un político colombiano haya podido dar a la nación entera.
Bien hubiera podido acoger Iván el consejo de escoger a un o una candidata que pudiera representar electoralmente sectores distintos, pero considero que es una lección que nos está dando quien va a ser el segundo presidente progresista de Colombia.
Los cambios no se dan solo a través de las reformas, de por sí necesarias, se dan también cuando nos miramos al espejo y nos reconocemos como lo que somos: un pueblo indígena, negro, mulato y blanco llamado a reconciliarse con su historia para construir un mejor futuro.
Este mayo vamos hacia la victoria popular con Iván y Aída Quilcué, para *renacer desde adentro.*


