Un fuerte llamado de atención hizo Edgar Blanco, director del Carnaval de la 44, frente al alto costo que estarían cobrando por las sillas durante los desfiles tradicionales. Según denunció en entrevista con Extra Noticias, Radio Tropical y Transmecar Radio, la especulación ha llegado al punto de ofrecerlas hasta en 50.000 y 60.000 pesos, una situación que calificó como “inadmisible” para un evento que nació bajo el principio de la gratuidad.
Blanco fue enfático en aclarar que no se opone a la instalación de sillas, sino al precio excesivo que, según dijo, convierte el rebusque en un negocio desproporcionado. “Nosotros nacimos hace 26 años como una alternativa para el pueblo barranquillero. Nuestro formato es de gratuidad, entiéndase bien, gratis”, afirmó. Para el director, cobrar 50.000 pesos por una silla desvirtúa la esencia popular del evento y afecta directamente a las familias. “Cuatro personas son 200.000 pesos; eso le sirve a una familia para comer una semana”, expresó.
El director también marcó distancia frente a cualquier señalamiento que vincule a la organización con el negocio de las sillas. “Edgar Blanco ni el Carnaval de la 44 están detrás de ningún negocio, menos de las sillas. No tenemos nada que ver con eso”, sostuvo. Recordó que la organización invierte más de 200 millones de pesos en vallas y una cifra similar en logística, ambulancias, bomberos, baños y coordinación con la Policía, mientras que las danzas y grupos folclóricos hacen rifas y actividades para costear vestuarios y música, cuyo valor puede superar el millón de pesos por desfile.
Frente a la postura de la Alcaldía, Blanco señaló que fue citado a una reunión para abordar el tema junto a las asociaciones de silleros. Reconoció que el Distrito es el responsable del espacio público, pero pidió regulación para evitar abusos. “Estamos de acuerdo con el rebusque, con el que vende agua, arepas o empanadas, pero 50 mil pesos por una silla ya no es rebusque, eso es un negocio”, manifestó.
Incluso advirtió que las agrupaciones folclóricas han planteado la posibilidad de buscar otro lugar para el desfile del sábado si no se regula la situación, ante la percepción de que terceros podrían estar recaudando cifras millonarias mientras los artistas asumen los mayores esfuerzos. Como ejemplo, mencionó el desfile infantil en Alameda del Río, donde no se instalaron sillas ni vallas y el público llevó sus propios asientos. “Nosotros nacimos para el pueblo, no estamos detrás de ningún negocio”, reiteró.
El debate ahora queda en manos de la administración distrital, que deberá definir si regula los precios o establece espacios libres que permitan preservar el carácter popular del Carnaval de la 44.


