En Colombia, la Navidad y el cierre de año no solo se viven con música, encuentros familiares y tradiciones, sino también alrededor de la mesa. El 24 y el 31 de diciembre son fechas en las que la comida se convierte en protagonista, reflejando la diversidad cultural del país y la herencia gastronómica que se transmite de generación en generación.
Durante la Nochebuena, una de las preparaciones más comunes en los hogares colombianos es la carne asada o al horno, especialmente el cerdo, que suele servirse acompañado de arroz blanco o arroz con verduras. En muchas casas también se prepara pollo relleno o pernil, platos que simbolizan abundancia y celebración, y que suelen compartirse en reuniones familiares numerosas.
Los acompañamientos juegan un papel clave en estas fechas. La ensalada rusa, hecha a base de papa, zanahoria, arveja y mayonesa, es casi infaltable en muchas mesas, al igual que la ensalada de manzana, una preparación dulce que mezcla frutas, crema y leche condensada. Estos platos suelen servirse fríos y equilibran los sabores fuertes de las carnes.
En cuanto a los fritos, las tradicionales hallacas en algunas regiones, los buñuelos y la natilla se convierten en protagonistas indiscutibles de diciembre. Estos últimos, especialmente, están presentes desde los primeros días del mes y alcanzan su punto máximo la noche del 24, cuando se comparten como símbolo de unión y celebración.
El 31 de diciembre mantiene varias de las costumbres del 24, aunque con un ambiente más festivo y orientado al cierre del año. Muchas familias optan por repetir platos fuertes o preparar recetas especiales, como lechona, tamales o sancochos, dependiendo de la región y de la cantidad de invitados que se reúnan para despedir el año.
Las bebidas también hacen parte esencial de estas celebraciones. Además de gaseosas y jugos naturales, es común el consumo de ponche, vino, aguardiente o ron, especialmente durante la noche del 31, cuando los brindis acompañan los deseos de prosperidad y buenos augurios para el año que comienza.
Más allá de los platos específicos, lo que se mantiene como constante en las mesas colombianas durante estas fechas es el valor de compartir. La comida navideña no solo alimenta, sino que fortalece los lazos familiares, revive recuerdos y reafirma tradiciones que, año tras año, siguen dando sabor a la Navidad y al fin de año en el país.


