Sin Recato
Tatiana Brugés Obregón
Ser soltero, más que un estado civil en el presente, se ha convertido en toda una odisea. Algunos quieren encontrar la pareja ideal por arte de magia, solo que cada vez se ha vuelto más complicado.
A lo mejor es porque se tiene en cuenta una lista interminable de estándares como la apariencia física, la situación económica, laboral, familiar, círculo de amigos, religión, cultura, y un sin número de requisitos que han hecho más difícil la búsqueda del candidato ideal.
Hoy por hoy, los solteros enfrentan muchos miedos e inseguridades para socializar. Es por ello que se han creado algunas alternativas para conocerse de manera presencial, como reuniones de solteros y solteras en las que por un valor estipulado pueden comer, por supuesto, tomar traguito (desinhibidor por excelencia), y conversar con nuevos amigos para esperar que la magia ocurra.
También la tecnología está al servicio de los solteros y solteras, y recurren a las miles de aplicaciones de citas como Tinder, Bumble, Badoo, OkCupid, Hinge, Meetic, Raya, HER, Grindr, entre muchas otras más. Mi opinión es que el 80 % de estas aplicaciones sirven más para relaciones carnales y fugaces que para ser felices por siempre, sin embargo, claro que hay excepciones a la regla.
Cabe aclarar que no es que este fenómeno de soltería pase solo en Barranquilla o en Colombia, pasa en TODO EL MUNDO. Por supuesto que hay países en donde la situación resulta más complicada que en otros, porque la mayoría de las veces la manera de relacionarse depende de una cultura bastante distante y fría, en comparación con el calorcito latino.
Y aunque si bien es cierto que existen diferencias culturales, es extraño ver adultos entre 25 y 30 y tantos años, solteros, resolteros, ultrasolteros que nunca han salido con nadie (hombre o mujer), que no se han besado o tomado de la mano en cualquier parte del mundo. Claro que la poca experiencia también hace que se complique la chispa para conquistar.
El fenómeno ha creado demanda, y es por eso que las alternativas no terminan, ya que también hay servicios de casamenteras que sirven de intermediarias para conseguir parejas, así que el que no consigue es porque realmente no quiere.
Elyakim Kislev, sociólogo, miembro de la facultad de la Universidad Hebrea y autor de ‘Happy Singlehood: The Rising Acceptance and Celebration of Solo Living’(traducción: Feliz soltería: La creciente aceptación y celebración de la vida en solitario), explica la soltería como identidad y sostiene que “se experimenta cada vez más como una categoría social en sí misma, y la psicología necesita mejores herramientas para capturar esa realidad”.
Lo anterior precisa el por qué algunas personas solteras se sienten agotadas o marginadas mientras que otras se sienten socialmente conectadas aunque también estén solteras.
Con relación a esto, Kislev asegura que dos personas pueden compartir el mismo estado civil y aun así vivir la soltería de maneras diferentes: contranormativa, periférica y central. No obstante, y aunque no son etiquetas morales o cajas fijas en las que las personas deben encajar para siempre, sí son un mapa para comprender cómo la soltería se manifiesta en el autoconcepto y en la vida social.
La soltería contranormativa se experimenta cuando la persona no solo es consciente de estar soltera, sino que se siente socialmente incorrecta, rechazada o juzgada.
Dicha experiencia, por lo general, se intensifica cuando las personas desean una pareja y además sienten la presión familiar, social y las miles de voces en su cabeza que le dicen que aunque su vida de soltero es buena, necesita una pareja.
Cuando la soltería es una identidad periférica, esta no define a la persona. En otras palabras, la persona disfruta de su vida y está abierta a tener una pareja pero no tiene afán. Como quien dice “No me llames, yo te llamo”.
La identidad central se entiende más como decir “soy una persona soltera”, en lugar de decir “estoy soltero en este momento”. Para algunas personas, la pareja no es la aspiración predeterminada y la soltería no es una sala de espera.
“La soltería como identidad no afirma que estar soltero siempre es fácil o siempre empoderador y ciertamente no implica que el querer estar en pareja está mal. Es un punto más simple y humano”, concluye Kislev.
Desde mi experiencia, solo puedo decir que mi época de soltera fue menos complicada, porque tuve la oportunidad de conocer a muchos príncipes y algunos sapos, y me pude tomar el tiempo de elegir sin afanes con quien quería tener una familia.
Si estás leyendo esta columna y aún eres soltero (a), disfruta de tu soltería con tu familia, con tus amigos (as) y, sobre todo, con tu presencia. Tómalo como el momento de construir tu futuro, estudiando, trabajando, viajando, ahorrando y, principalmente, disfrutando de tu compañía.
Bien dicen que si no puedes disfrutar de ti mismo, entonces no estás en buena compañía. Permítete conocerte para que esa persona que luego vendrá también pueda hacerlo #sinrecato
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