Una fuerte controversia internacional se desató tras las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump quien dirigió duras críticas al Papa León luego de que este expresara su rechazo a la guerra en Irán. El mandatario calificó al Sumo Pontífice como una figura que, a su juicio, no está desempeñando correctamente su papel y cuestionó su postura frente a temas globales.
El pronunciamiento se produjo inicialmente a través de redes sociales, durante un vuelo de regreso a Washington desde Florida, y continuó posteriormente ante periodistas en pista. “No soy fan del Papa León (XIV)”, dijo el presidente, reforzando su inconformidad con el liderazgo del Pontífice.
Las críticas de Trump surgieron después de que el Papa advirtiera que un “delirio de omnipotencia” estaría impulsando el conflicto en Irán. Aunque históricamente han existido diferencias entre líderes políticos y religiosos, resulta poco habitual que un Pontífice cuestione de forma directa a un presidente estadounidense, y menos frecuente aún una respuesta tan contundente desde la Casa Blanca.
“El Papa León (XIV) es débil ante el crimen, y terrible para la política exterior”, escribió el presidente estadounidense en su post, añadiendo: “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear”. En esa misma línea, reiteró ante la prensa: “No nos gusta un Papa que dice que está bien tener un arma nuclear.”
Desde el Vaticano, la reacción del Papa fue mesurada. Durante un viaje hacia Argelia, donde realiza su primera visita a África, el líder de la Iglesia Católica evitó profundizar en la polémica. “No soy un político”, dijo el Papa a los periodistas, y añadió: “No tengo ninguna intención de debatir (con Trump). El mensaje es el mismo: promover la paz”.
En medio de la controversia, Trump también generó reacciones al publicar una imagen en la que aparece con una estética religiosa, sugiriendo poseer poderes similares a los de Jesucristo. En la ilustración, el mandatario viste una túnica de estilo bíblico y aparece imponiendo las manos sobre un hombre enfermo, mientras a su alrededor se observan figuras que lo miran con admiración, en un entorno cargado de simbología estadounidense.

El episodio marca un momento inusual en las relaciones entre la Casa Blanca y el Vaticano, tradicionalmente caracterizadas por un tono diplomático, y abre un nuevo capítulo de tensiones entre el poder político y la autoridad religiosa a nivel global.


