La final de la Copa BetPlay entre América de Cali y Atlético Nacional, disputada el 15 de diciembre en el estadio Pascual Guerrero, terminó empañada por la violencia. Una vez más, el fútbol colombiano vuelve a mancharse por el vandalismo de algunos aficionados, quienes desataron disturbios que no solo interrumpieron el partido, sino que dejaron heridos y graves daños en las instalaciones del escenario deportivo.
Según el coronel Carlos Oviedo, comandante de la Policía de Cali, “de manera preliminar hay tres policías lesionados que están siendo atendidos en un centro médico asistencial”. Los disturbios comenzaron cuando miembros del grupo ‘Barón Rojo’ intentaron irrumpir en la cancha, generando caos dentro del estadio. En su paso, los exaltados rompieron asientos, cristales, señales de evacuación y puertas de los baños, dejando al Pascual Guerrero en un estado lamentable.
Ante los hechos, el alcalde Jorge Iván Ospina anunció una recompensa de hasta 30 millones de pesos para quien aporte información que permita “identificar y judicializar a los responsables de los actos violentos en el Pascual Guerrero”. Su declaración refleja la preocupación por el impacto que este tipo de comportamientos tiene no solo en el fútbol, sino también en la imagen de la ciudad.
La violencia no se limitó al estadio. El coronel Oviedo también informó que, a unas 25 cuadras del lugar, un grupo de hinchas que viajaba en buses atacó a una patrulla de tránsito que realizaba controles. “Se bajan, agreden a una patrullera y al compañero, y hurtan el arma de fuego”, denunció el oficial, señalando la gravedad de la situación.
Estos actos de vandalismo podrían traer sanciones significativas para el América de Cali. El Código Disciplinario del fútbol colombiano estipula que cuando los aficionados causen daños en las instalaciones de un estadio o realicen agresiones contra autoridades, árbitros o jugadores, el club será castigado con la suspensión de la plaza entre dos y seis fechas. Además, los encuentros deberán jugarse a puerta cerrada en la sede oficial del equipo, de acuerdo con el artículo 30 del reglamento.
Los incidentes ocurridos en el Pascual Guerrero son un llamado de atención para las autoridades deportivas y gubernamentales. Es imperativo tomar medidas contundentes para prevenir que el fútbol siga siendo escenario de violencia, pues lo que debería ser una fiesta deportiva está convirtiéndose en una muestra más de los problemas que aquejan al país.



