Es medianoche. Revisar el celular por “cinco minutos antes de dormir” se convierte en casi una hora desplazando el dedo por la pantalla. Noticias sobre conflictos, crisis económicas y desastres naturales aparecen una tras otra, generando una sensación de angustia difícil de controlar. Este comportamiento, conocido como doomscrolling, se popularizó durante la pandemia, cuando la incertidumbre llevó a millones de personas a buscar información constante. Sin embargo, aunque la emergencia sanitaria quedó atrás, el hábito sigue vigente.
El doomscrolling está relacionado con el funcionamiento del cerebro humano. La exposición a noticias negativas activa el sistema de alerta del organismo, generando la liberación de cortisol, la hormona del estrés. En un contexto primitivo, esta respuesta ayudaba a la supervivencia, pero en el entorno digital actual, la sobrecarga de información puede provocar ansiedad y sensación de impotencia.
Además, las plataformas digitales priorizan contenido que genera reacciones emocionales intensas, lo que contribuye a que las noticias negativas tengan mayor alcance. Esto hace que los usuarios se encuentren constantemente con información alarmante, prolongando el tiempo que pasan consumiéndola.
¿Qué efectos tiene?
El consumo excesivo de noticias negativas puede estar relacionado con un aumento en los niveles de estrés y ansiedad. La exposición prolongada a este tipo de contenido puede generar una percepción distorsionada de la realidad, en la que los acontecimientos negativos parecen ser más frecuentes de lo que realmente son.
Sin embargo, también existe el argumento de que reducir el consumo de noticias podría llevar a la desinformación. Mantenerse al tanto de los acontecimientos permite tomar decisiones informadas y participar activamente en la sociedad. Por ello, el debate sobre si el doomscrolling es una práctica dañina o simplemente una forma de estar informado sigue abierto.
El doomscrolling se ha convertido en una práctica común en la era digital, pero su impacto en la salud mental ha generado preocupación. Identificar cuándo la búsqueda de información se convierte en una fuente de estrés es clave para evitar sus efectos negativos y mantener un equilibrio entre estar informado y cuidar el bienestar emocional.


