No importa el género ni la categoría: a Colombia el título siempre parece escapársele entre los dedos. Esta vez fue la Selección femenina de mayores la que volvió a rozar la gloria sin poder abrazarla. En una final electrizante frente a Brasil por la Copa América Femenina 2025, las nuestras dejaron el alma en la cancha, pero terminaron cayendo en la tanda de penales tras un 4-4 de película. El marcador final, 5-4 desde los doce pasos, le dio a las brasileñas su novena corona continental, la quinta de manera consecutiva.
El partido fue un espectáculo de emociones de principio a fin. Colombia se adelantó al minuto 25 con una joya de Linda Caicedo, encendiendo la ilusión de un país entero. Pero justo cuando el primer tiempo se acababa, un penalti cobrado por la capitana brasileña Angelina, tras una infracción de Jorelyn Carabalí, puso el 1-1 al minuto 45+9. Un golpe psicológico que no detuvo el empuje de las nuestras.
En la segunda mitad, la suerte parecía sonreírle al equipo dirigido por Ángelo Marsiglia. Un autogol de Tarciane puso el 2-1 parcial y, aunque Amanda Gutiérrez igualó al minuto 80, el corazón volvió a latir fuerte con el 3-2 de Mayra Ramírez al 88. Todo indicaba que, esta vez sí, Colombia se consagraría. Pero no. Marta, la leyenda viva del fútbol, había entrado al 82 y con su experiencia cambió el curso de la historia. Al 90+6 marcó un golazo que forzó el tiempo extra.
Ya en la prórroga, la número 10 de Brasil volvió a aparecer al minuto 105 para el 4-3. Y cuando parecía que todo estaba perdido, Leicy Santos sacó un tiro libre perfecto al 115 que igualó el encuentro 4-4, llevando la definición a los penales.
Desde los doce pasos, las emociones no cesaron. Linda Caicedo, Catalina Usme y otras referentes cumplieron con sus cobros, pero Manuela Pavi, Leicy Santos y Jorelyn Carabalí no lograron convertir. Curiosamente, Marta también falló su penalti, pero no fue suficiente para revertir el resultado. Brasil anotó cinco y Colombia cuatro. Otra vez tan cerca… y otra vez tan lejos.
Colombia vuelve a quedarse con el consuelo de la entrega, el carácter y la calidad mostrada en la cancha. Pero también con esa amarga sensación de que el destino, en este continente, parece no querer vernos campeonas.


