El fútbol argentino y sudamericano despide hoy a una de sus figuras más queridas. Miguel Ángel Russo, reconocido entrenador y referente de varias generaciones, falleció este miércoles a los 69 años tras un progresivo deterioro en su salud. En 2017 le habían diagnosticado cáncer de próstata y vejiga, enfermedad que enfrentó con una valentía ejemplar hasta sus últimos días.
Su carrera como técnico comenzó poco después de su retiro como jugador, cuando asumió la dirección de Lanús. Allí logró dos ascensos que marcaron el inicio de una trayectoria impresionante, que lo llevó a dirigir en Argentina, Sudamérica, Europa y Asia. Estudiantes, Universidad de Chile, Rosario Central, Salamanca, Colón, Los Andes, Monarcas Morelia, Vélez, Boca Juniors, San Lorenzo, Racing, Millonarios, Alianza Lima, Cerro Porteño y Al-Nassr fueron parte de su recorrido por el mundo del fútbol.
Russo conquistó un total de diez títulos, aunque el más recordado fue la Copa Libertadores 2007 con Boca Juniors, coronando una campaña inolvidable en la que Juan Román Riquelme alcanzó uno de los picos más altos de su carrera. Ese logro lo consolidó como uno de los entrenadores más respetados del continente.
Con el club xeneize también obtuvo la Superliga Argentina 2019-2020 y la Copa de la Liga Profesional 2020, ampliando su legado en el fútbol nacional. En total, acumuló ocho trofeos en Argentina —siete locales y uno internacional— y dejó una marca profunda en equipos como Estudiantes de La Plata, donde tuvo dos etapas (1994-1996 y 2011) y un vínculo afectivo que perduró en el tiempo.
Su paso por el exterior también fue exitoso. En 1996 llevó a Universidad de Chile a las semifinales de la Copa Libertadores; en México dirigió a Monarcas Morelia; en Colombia fue campeón con Millonarios; y en Perú, Paraguay, Arabia Saudita y España demostró su capacidad para adaptarse y triunfar en distintos contextos.
Un legado de coraje dentro y fuera de la cancha
El diagnóstico de cáncer en 2017 no lo alejó de su pasión. A pesar de las cirugías, tratamientos y la quimioterapia, Russo continuó dirigiendo, sumando títulos y transmitiendo su amor por el fútbol. Su fortaleza y actitud ante la adversidad inspiraron a colegas, jugadores y aficionados, convirtiéndolo en un símbolo de perseverancia.
En los últimos años debió enfrentar internaciones por complicaciones derivadas de su enfermedad, como una infección urinaria que lo mantuvo bajo observación en la clínica Fleni de Buenos Aires durante su segundo ciclo con Boca. Sin embargo, siempre se mostró con una sonrisa y con el deseo de seguir cerca de las canchas.
Miguel Ángel Russo deja un legado imborrable: el de un entrenador trabajador, sereno y apasionado, que enseñó que el éxito también se mide en la forma de enfrentar la vida. Su partida deja un vacío inmenso, pero su ejemplo quedará para siempre en la historia del fútbol sudamericano.


