Comenzaron las lluvias en la Costa Caribe y de forma inmediata aparecieron los caracoles gigantes africanos, especies que permanecen quietos, inmóviles e inofensivos.
Pero tras inofensiva apariencia esconde el poder que tiene y los efectos devastadores para la salud de personas y mascotas, y la misma seguridad alimentaria de familias y pueblos enteros.
La Achatina fulica (nombre científico) es un animal recurrente con el invierno. Las autoridades constantemente emiten alertas sobre el cuidado. De hecho, en la resolución 654 de 2011, el Ministerio de Ambiente explica que este se alimenta de material vegetal y de animales en descomposición, líquenes, algas y hongos.
Y lo hace peligroso el hecho de que es vector de parásitos o nematodos que están normalmente presentes en los pulmones de las ratas, lo que ocasionarían en el humano y animales silvestres meningoencefalitis eosinofílica o la ileocolitis eosinofílica, de acuerdo con el documento de Minambiente.
El caracol gigante africano es una especie terrestre, nativa del este de África (Kenia y Tanzania) donde se halla ampliamente diseminado.
Llegó al país en los años 80, cuando se hizo popular tratar problemas de cicatrización en la piel con su baba, la cual era común adquirirla en plazas de mercado y tiendas naturistas.
El director de Barranquilla Verde, Henry Cáceres, se pronunció frente a las quejas ciudadanas por la presencia de caracoles africanos en distintos sectores de la ciudad. Dijo que no deben ser molestados, solo echarlos en una bolsa y enterrarlo a 60 centímetros bajo tierra usando cal.
Expresó que, ante cualquier duda, las personas pueden llamar a la línea de celular 3173682850 de la entidad.


