En los pasillos de la Casa de Nariño, la residencia presidencial, se ha ido tejiendo estas semanas una historia de conspiración que va camino de convertirse en un escándalo nacional.
El enredo implica a dos de las personas más cercanas al presidente colombiano, Gustavo Petro, al que se le empiezan a amontonar los líos internos. Por un lado, su jefa de gabinete, Laura Sarabia, mano derecha y figura en alza de su Gobierno con solo 29 años. Por el otro, Armando Benedetti, el político que le guio en campaña hasta el poder y que hoy es embajador en Caracas. Benedetti y Sarabia eran íntimos hasta hace nada. Él era jefe de ella y fue quien se la presentó al presidente, lo que le dio acceso a ese cargo tan relevante. Hoy ambos han entrado en una guerra que ha obligado a Petro a intervenir como si fuera un padre.
El nombre de Sarabia llevaba varios días en la prensa por un caso con tintes domésticos que acabó en Palacio. La cuidadora de su hijo, Marelbys Meza, había sido sometida en enero al polígrafo en la Presidencia de Colombia tras la desaparición en la casa de la funcionaria de un maletín con varios miles de dólares —la procuraduría le ha abierto una investigación a la asesora de Petro por aplicarle la máquina de la verdad—.
La niñera contó a la revista Semana que se sintió intimidada y sometida a presión por un hurto que, según ella, no había cometido.
La trabajadora denunció lo que ella consideraba un acoso ante la Fiscalía, que decidió ponerle protección. Sarabia se defendió y aseguró que la jefatura de protección presidencial y la Policía actuaron según los protocolos marcados por la ley. Parecía que todo iba a quedar ahí, pero la historia dio un vuelco.
El periodista Daniel Coronell ha publicado este miércoles en W Radio que el actual embajador en Venezuela estaría detrás de la polémica. Coronell asegura que fuentes cercanas a Sarabia acusan a Benedetti de chantajearla con este asunto.
La niñera ya habría trabajado con el político y su familia previamente, y en ese tiempo fue sometida al polígrafo por un robo en casa de sus jefes, que dio como resultado que ella era la autora del hurto. Hace unas semanas, antes de que se conociera el escándalo, Benedetti trasladó a Meza en un vuelo privado a Caracas, donde la niñera permaneció varios días, hasta que a su vuelta a Colombia dio la entrevista a Semana.
La información también revela que un día antes de la publicación, el embajador se reunió con la directora de esa revista, Vicky Dávila, y después envió un mensaje a Sarabia: “Acabo de hablar con Vicky (sic) después de lo que me dijiste sobre la Mari (…) Tenías razón. ¡Es posible que se pueda evitar esa circunstancia (sic)… ojalá entiendas el sentido de este mensaje!”. Sarabia lo leyó como un chantaje.
El embajador sostiene que en su mensaje no hay ninguna amenaza y ataca con dureza a su antigua amiga. Defiende que en principio actuó para ayudar a Sarabia, que le pidió a él su mediación después de que la niñera supuestamente hablara con varios medios por su cuenta, sin su mediación.
“Es al revés: Laura Sarabia me busca a mí y yo lo que hago es contratarla [a la niñera]. Para ese momento, el problema para Sarabia es que se revelara la cantidad de dinero o el flujo de dinero en efectivo que había en su casa”, lanza un misil Benedetti en Twitter, dejando ver que el dinero es de procedencia ilícita.
Según Sarabia, alguien robó 7.000 dólares que ella justificó como viáticos de viajes oficiales y así lo denunció ante la Fiscalía.
Benedetti, en su hilo de Twitter, llega a hablar de más de 30.000 dólares en efectivo. “¿Por qué tenía 150 millones de pesos en una maleta, hechos que sí se están investigados? (sic)”, se ha preguntado el embajador. Eso sí, en última instancia reconoce ante Coronell que participó en la conspiración: “Solo fui cómplice al final, con mucho placer”.
*Tomado del diario El País de España. Elpais.com


